“La gente lo compró muchísimo al principio”, comenta Michelle Garrel, dueña de una céntrica farmacia parisina. “Pero al mes, aproximadamente, las ventas comenzaron a caer. Yo misma soy consumidora de Aspirina, como gran parte de la población, y esta nueva modalidad me resultaba cómoda y efectiva. Pero notaba que el resto de la gente se violentaba cuando la consumía, sobre todo si lo hacía sobre el mostrador, mientras atendía a la clientela”.

Desde la filial de Bayer en España se lucha contra esta decisión de la central alemana, “pues es uno de los países donde el consumo de la Aspirina esnifable ha sido aceptado con más normalidad”, según informa Jesús Warlock, jefe de prensa de la compañía en nuestro país. “Si bien al principio la vía nasal puede resultar chocante a ojos de aquel que no está familiarizado con este nuevo producto, su uso se ha normalizado en apenas ocho meses”. De hecho, según Warlock, una encuesta reciente de la compañía ha demostrado que “de cada cien personas que hay esnifando en un local de hostelería español, sesenta de ellas están consumiendo Aspirina esnifable. Y eso es más de la mitad”.

Mientras los farmacéuticos españoles luchan por mantener el producto a la venta en sus establecimientos y la central de Bayer en Alemania se esfuerza por tomar una decisión final respecto a este polémico medicamento, los más afectados son los niños. La comercialización de la Aspirina infantil esnifable, que tenía previsto llegar a las farmacias en junio de este año, ha sido cancelada.