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Atracan un banco disfrazados de atracadores

PARECÍAN BROMISTAS MUY BIEN CARACTERIZADOS

Cinco jóvenes atracadores irrumpieron ayer en una sucursal neoyorkina de Bank of America disfrazados de atracadores. Ni los clientes que se encontraban en el local ni el personal que estaba atendiendo se tomaron en serio las intenciones de los delincuentes dada la costumbre, cada vez más arraigada, de que los asaltantes actúen con máscaras de Ronald Reagan o de Richard Nixon, entre otros motivos recurrentes.

«Lamentablemente hemos sufrido varios atracos y casi siempre son tipos con disfraz de oso o con careta de látex. El último vino disfrazado de bolsa gigante de dinero y entró exigiendo que le devolviéramos a su mamá», explica uno de los empleados del banco. Al ver que los jóvenes pedían el dinero sin ningún artificio y con voz temblorosa, todos creyeron que se trataba de unos adolescentes haciendo el tonto o intentando superar una apuesta. «Cuando le volaron los sesos al chihuahua de la señora Samaler vimos que se estaban pasando, así que accionamos la alarma para que la Policía les diera una lección», afirma el empleado.

No fue hasta que las autoridades comprobaron los antecedentes penales de los atracadores que se desmintió la tesis de que sólo eran unos aficionados con ganas de divertirse sembrando el caos. «Estaba todo muy estudiado. Llevaban jeans, calzado deportivo, anoraks y el típico pasamontañas. Como si estuvieran en una fiesta de carnaval, pero realmente muy creíbles. Parecían atracadores de verdad, es normal que la gente pensara que se trataba de una obra de teatro o algo parecido», asegura uno de los agentes que participó en la detención. La teoría de la Policía es que jugaban al despiste para desconcertar y evitar que se avisara a las autoridades. «Les salió el tiro por la culata. No puedes ser tan obvio y esperar que salga bien», insiste el agente.

Es la segunda vez que se produce una confusión por culpa de un atuendo inadecuado en la ciudad de Nueva York. Hace tres semanas, una periodista fue confundida con una vulgar prostituta porque vestía una falda de cuero muy corta con medias de rejilla y se acercaba a los coches preguntando si alguien quería sexo. «Estaba realizando una encuesta para la revista Cosmopolitan, ¿la gente de qué va?» se preguntaba indignada la mujer.

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