- La actualidad del mañana -
- La actualidad del mañana -

«Unos seres verdes me obligaron a soplar en la autopista»

Desde hace dos semanas, el ingeniero Antonio Tril no se atreve a coger el coche. Asegura que fue víctima de una extraña agresión, algo difícil de relatar sin que parezca un cuento chino. «Antes no creía en cosas paranormales pero juro que unos seres de verde me hicieron bajar del coche y experimentaron con mi cuerpo», explica. Reconoce que iba un poco borracho, pero no lo suficiente como para no recordar las luces amarillas que emplearon las criaturas para detener su coche. «Me hicieron bajar del automóvil, cogieron muestras de mi aliento y me obligaron a andar siguiendo una línea recta», confiesa.

Antonio me muestra un informe de su psicóloga en el que ésta confirma que el paciente sufre amaxofobia. «Significa que tengo miedo a ir en coche y ese miedo suelen provocarlo los accidentes traumáticos o, en general, las experiencias terribles vividas al volante. Yo no sufrí ningún choque, mi coche está perfecto, pero creí que esos seres verdes me torturarían vivo y luego me matarían», me aclara el entrevistado mientras sirve una ensalada de pollo rociada con vodka. «Espero que te guste el pollo, porque he preparado pollo al vodka y, con una pechuga que me ha sobrado, he hecho unas croquetitas con vodka», afirma. Asiento resignado pero rechazo el vaso de vino que me ofrece. «Si no te gusta el vino creo que tengo una botella de vodka por ahí», asegura. Finalmente, consigo llenar mi vaso con agua del grifo.

Intento que Antonio se centre en los detalles de la experiencia vivida en plena autopista, pero se muestra disperso a lo largo de toda la charla, más centrado en la comida que en la conversación. «Eran dos. Dos criaturas verdes. Blandían unos tubos de luz, láseres amarillos como de otro mundo. Hicieron señas para que detuviera mi marcha y aparcara en la cuneta. No debería haberlo hecho, pero no tenía muchos reflejos en ese momento, me dejé llevar todo el tiempo. Joder, qué buena la salsa».

Interrumpe el relato y se ofrece a rociar mi plato con más vodka ruso. Al ver que declino el ofrecimiento se muestra agresivo: «¡Que te pongas más, coño, que si no es una mierda!», exclama. Hago lo que me dice y retoma entonces el hilo del discurso, no sin dejar de mojar pan en la salsa compulsivamente. «Me obligaron a soplar en una especie de caja negra, quizá creían que así capturaban mi alma o algo. Luego me hicieron salir del coche y ponerme en pie, cosa que me costó por los nervios. Recuerdo que tuve que andar en línea recta, perdí el equilibrio y no sé qué más. Sé que vomité en un arbusto mientras ellos me agarraban con sus tentáculos o lo que sea que tuvieran. Hacía tanto calor como ahora o más».

El entrevistado, muy pálido y confundido, se levanta para traer otra botella de salsa y tropieza consigo mismo. Le ayudo a incorporarse y entonces le da por vomitar. «No… no me hagáis daño…» afirma fuera de sí, arrastrándose por el suelo. Consigo conducirlo hacia el sofá, donde se queda medio traspuesto. «No te me lleves, por favor, yo soy español», suplica segundos antes de perder la conciencia.

Dada la indisposición de Antonio, doy por concluido el almuerzo y, antes de abandonar la casa, me aseguro de que el entrevistado respira y tomo una muestra de pollo al horno pensando que quizá es la comida la que le ha provocado el malestar. Por el momento, yo me encuentro bien.

Domicilio de Antonio Tril.

– Ensalada de pollo con vodka.
– Croquetas de pollo con vodka.
– Pollo al horno con vodka.

Total: cortesía del entrevistado.