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Un clínex mojado en una habitación levanta sospechas

EL PADRE DEL JOVEN IMPLICADO CREE QUE EL ASUNTO SE ESTÁ SOBREDIMENSIONANDO

Antonia Robledo, profesional de la limpieza, ha encontrado esta mañana un pañuelo de papel mojado en la habitación de un adolescente y ha dado parte a los padres del joven. La mujer se ha negado a retirar el clínex del suelo al considerar que el asunto trascendía sus obligaciones y merecía ser gestionado por la propia familia.

«Mi hijo Roberto es muy cuidadoso y no es propio de él dejar pañuelos arrugados en cualquier sitio. Por la posición en la que se encuentra el papel, parece que se durmió con él en la mano y se le deslizó hacia el suelo. Seguramente no lo ha visto al levantarse» explica el padre del adolescente. La madre asegura que lo inquietante no es la presencia en sí del clínex sino la sustancia que lo impregna. «Roberto no está resfriado, no acostumbra a tener pañuelos de papel en la habitación y no se le oyó estornudar en ningún momento» explica la mujer, que se muestra preocupada «por si utilizó el pañuelo para limpiar los polvos de alguna droga que esnifó en la mesilla de noche». El padre insiste en que no se trata de eso y afirma que el clínex debería ser retirado sin más. La madre, sin embargo, prefiere esperar a que Roberto regrese del instituto para aclarar el asunto.

«Roberto nunca ha mostrado un comportamiento sospechoso y no entiendo esa necesidad de pensar en lo peor. Es probable que bebiera un poco de agua y que el vaso o la propia botella dejaran marca en la mesita, por lo que utilizó el clínex como haría cualquiera», defiende el padre. La esposa de éste, sin embargo, ha observado con mucha atención el pañuelo y argumenta que el agua «se seca enseguida y no deja esa textura como acartonada. Además, no hay rastro de vasos ni de botellas. Justificándole no le ayudamos. Lo que hay que hacer es plantear la cuestión de forma adulta para que podamos ayudarle si tiene problemas».

La habitación del adolescente ha sido examinada con detenimiento sin que se hayan hallado pistas sobre el origen de la sustancia misteriosa. «Guarda cartas personales, apuntes del colegio y alguna revistilla erótica. Lo normal a su edad», reconoce la madre. Lejos de tranquilizarse, la mujer cree que existe un escondrijo que no ha detectado y en el que Roberto podría estar escondiendo «todo tipo de drogas, pegamento o como se llamen». Para presionar al joven, el clínex ha sido puesto encima de la mesa del comedor y es lo primero que Roberto encontrará cuando se siente a la hora de la cena. «Me parece una guarrada y una estupidez. No apoyo esta actitud», sentencia el padre.