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Abren un restaurante para obsesivo-compulsivos

ENTREVISTAMOS A SU CREADOR

Se envuelven en film transparente todos los platos.

El Mundo Today ha podido entrevistar esta misma mañana a Juan Cardona, fundador de El Agorafóbico.

Pregunta: ¿No es un poco paradójico que el restaurante tenga un nombre que hace referencia a la agorafobia? En un restaurante un agorafóbico podría entrar en crisis.

Respuesta: Está todo pensado. Tenemos cajas de cartón enormes y algunos clientes se meten dentro cuando el restaurante está muy lleno o demasiado vacío. Ese servicio viene incluido en el cubierto.

P: Se cuida hasta el más mínimo detalle, pues.

R: A veces uno de nuestros clientes cree que un camarero quiere asesinarlo o que el restaurante está siendo monitorizado por el Gobierno. Cuando eso sucede, envolvemos su comida y su cabeza en papel de plata para que se vaya a casa tranquilo y coma allí. Son estos pequeños detalles los que la gente valora.

P: ¿Y para los que están obsesionados con la limpieza y el orden, en qué han pensado?

R: A los limpiadores-lavadores, tal y como se les denomina, son a los que mejor cuidamos. Como en las peluquerías modernas, que desenvuelven las cuchillas delante tuyo, aquí también desenvolvemos los tenedores delante del cliente, que sabe que son nuevos cada vez y no hay microbios invisibles que les vayan a perjudicar. Para los más exigentes también tenemos mesas de plástico de usar y tirar, aunque eso supone un incremento de 50 euros en el ticket. Siento mucha empatía con estos clientes, aunque también celebramos La noche del Sociópata y un desayuno para los que tienen fobia a las cosas redondas, libre de donuts y tazas. No son trastornos obsesivo-compulsivos estrictamente, pero también hay demanda.

P: Es de esperar que sólo los más acomodados puedan acceder a su restaurante, pues es algo caro.

Tenemos cajas enormes por si les agobia la gente

R: ¿Caro? Según se mire. Le diré una cosa: cuando servimos guisantes, los envolvemos con film transparente uno a uno. Ahora vuelva a pensar si nuestro menú es caro o no.

P: Pero lo repiten diariamente y eso abarata el coste.

R: Claro que sí, pero no lo hacemos para ahorrar sino para que todo el mundo permanezca tranquilo. Una vez tuvimos que cambiar el segundo por un problema con nuestros proveedores y se armó el caos. En un restaurante en el que la mayor parte de los usuarios tiran de la cadena siete veces cuando van al lavabo, o miden la distancia entre cubiertos y plato antes de tocarlos, no puedes jugar.

P: ¿No cree que su local favorece el trastorno en vez de combatirlo?

R: Este tipo de personas suelen tener algunas manías, como lavarse las manos a cada minuto o verificar cada dos segundos que no hay un incendio en el lugar. A veces no hay nadie comiendo, está todo el mundo corriendo de un lado a otro comprobándolo todo y dando saltitos para no pisar las juntas de las baldosas. Nadie come. Imagínese esto en un Starbucks. Algunos se desmayarían sólo de pensar que les van a preguntar su nombre para apuntarlo en el vaso. Hay tanta variedad de cafés que podrían enloquecer. Que exista un local como el nuestro es una necesidad, al menos mientras los terapeutas luchan contra el trastorno.

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