Jeremy S. cometió un asesinato hace dos días en Alabama y, como es habitual en casos como el suyo, decidió regresar a la escena del crimen “para ver cómo iba todo y tal”. Cuando llegó a Eastchase Loop -lugar en el que mató a una anciana con el clásico estratagema del nieto bomba- halló una franquicia de Starbucks.

“Juro que hace apenas unas horas, cuando acabé con lo mío, había abuela hasta en las copas de los árboles. Ahora está todo limpio y han puesto una terraza. Son implacables” se lamenta Jeremy, que confiesa sentirse impotente “porque para mí es fundamental espiar a la Policía mientras pone la chicha en bolsitas de plástico”.

Aunque en un principio el criminal quiso vengarse de la cadena de cafeterías perpetrando una matanza en el establecimiento, optó por abstenerse cuando pidió un café y le preguntaron cómo se llamaba. “Aquello me descolocó, confesé mi nombre real, vi que lo escribían en mi vaso y me sentí expuesto”, reconoce.

El asesino no ha podido ser condenado porque la Policía no ha encontrado rastro alguno de la víctima. Jeremy S. promete que la próxima vez hará fotos del asesinato con el móvil “para que al menos se puedan ver en Facebook”.

“No hay testimonios, el presunto asesino no sabe cómo se llamaba la víctima y, por lo tanto, no podemos iniciar una investigación. Lo único que podemos hacer ahora mismo es guardar un minuto de silencio por la fallecida mientras tomamos un café en ese nuevo Starbucks que han abierto aquí”, ha declarado un agente local.