“Fue un secuestro muy premeditado, se me subieron todas al coche sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo. Luego me llevaron a un hotel de carretera y me hicieron de todo. Yo aguanté el ritmo como un hombre, eso sí” explicó Tomás Fuentes a los medios que estuvieron siguiendo el operativo de rescate. Pese a que su aspecto no delata que haya sido maltratado físicamente -de hecho, ha engordado algunos kilos-, su manera de hablar indica que podría encontrarse bajo los efectos de alguna droga que le habría hecho perder toda capacidad de resistencia. En la habitación en la que recluyeron a Fuentes -que permaneció desnudo e indefenso en todo momento- se han encontrado varias docenas de botellas vacías de champán que, según asegura el empresario, usaban para amenazarle físicamente.

El hecho de que los raptores de Fuentes no pidieran un rescate hace pensar a la Policía que lo que querían es que desvelara información relevante de su empresa: “Creemos que detrás de todo esto se encuentra una red de espionaje industrial muy importante, pues no sólo habían secuestrado al señor Fuentes sino también a otros ejecutivos. Las pruebas de ADN han revelado que algunas de las mujeres son en realidad hombres operados, lo que indica que se trata de espías dispuestos a casi cualquier cosa para llevar a cabo su misión”. Es tal la profesionalidad de este supuesto grupúsculo de criminales que varios de los policías que participaron en la operación han desaparecido tras el rescate de Fuentes junto a algunas de las secuestradoras. Las familias y sus compañeros están montando una nueva operación de rescate y piden al Gobierno que movilice al Ejército.

Júlia Cot ahora respira aliviada sabiendo que su marido está sano y salvo: “Pensaba que podía estar por ahí de picos pardos y resulta que lo tenían retenido. No volveré a desconfiar de él en la vida. Dice que no le han pegado pero yo creo que algo han debido de hacerle porque tiene unas manchas en el cuello que parecen moratones. También dice que le duele el culo. No quiero ni pensarlo”.