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Un graffiti obliga al Gobierno a replantear su política exterior

A ZAPATERO LE PREOCUPA QUE HAYA MÁS PINTADAS SIMILARES

El Ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, Miguel Ángel Moratinos, se encuentra reunido en estos momentos con la cúpula del Gobierno para replantear sus líneas de actuación después de que el propio presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, leyera ayer por la tarde una pintada callejera que, según ha declarado un portavoz de La Moncloa, «decía de forma contundente que el presidente es un fascista y un imperialista». Según la misma fuente, Zapatero se sintió muy dolido porque nunca ha pretendido caer en las atrocidades del fascismo y teme que el poder le haya cegado.

«Cuando uno está muy metido en asuntos de Estado a veces no es capaz de analizar las cosas desde la distancia. Ese graffiti es un toque de atención, una llamada a la autocrítica» explica la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega. «Si un ciudadano te llama ‘fascista hijo de puta’ y se molesta en escribirlo en un muro, con el frío que hace y lo bien que se está en casa, es porque lo piensa de verdad y Zapatero no quiere que alguien piense eso de él», añade De la Vega.

Según el portavoz de La Moncloa, Zapatero está atormentado por la posibilidad de que existan más graffitis parecidos que señalen aspectos de su política erróneos o que se podrían mejorar. «El presidente se desplaza habitualmente en coche oficial y, por razones de seguridad, no puede pasear por ciertas zonas en las que abundan precisamente estas pintadas. Le preocupa vivir de espaldas a la gente y, sobre todo, no está tranquilo sabiendo que hay personas que creen que es un hijo de puta y un fascista», confiesa el portavoz.

En numerosas entrevistas, José Luis Rodríguez Zapatero ha expresado su deseo de que los españoles se lleven bien entre ellos y de que en España haya buen ambiente. «Criticar al Gobierno con pintadas en los muros es poco efectivo porque el Gobierno no puede estar pendiente de todos los muros pintados que hay en nuestro país», argumenta De la Vega, quien no descarta la posible construcción de un muro en las instalaciones de La Moncloa «para que los graffiteros hagan sus reflexiones allí y al menos podamos verlas sin tener que buscarlas como si esto fuera una gincana».

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