“Todas mis telefonistas acabaron desatendiendo sus trabajos”, comenta el propietario de Adultphone S.L. “Natalia, la chica que atendió a ese invertido, puso el manos libres para que todo el mundo escuchara la conversación. A priori era el tipo de llamada que nos gusta por aquí, pues el cliente estuvo hablando por teléfono unos 90 minutos, pero por otro lado muchas chicas estaban tan enfadadas con la mujer de la que hablaba ese tío que querían salir a buscarla para decirle cuatro cosas y me costó convencerlas de que no podían abandonar los teléfonos, que muchos pajilleros podían necesitarlas y no estaba bien. Tuve que recurrir a este tipo de argumentos humanitarios porque estaban todas muy sensibles”.

“Este hombre se había creído las promesas de amor de esa mala mujer, él se ilusiona y todas le hacen lo mismo”, explica entre lágrimas otra telefonista. “Estuvimos intentando consolarle pero por nuestro trabajo estamos acostumbradas a usar un vocabulario un tanto atrevido y a los símiles muy pasados de vueltas y él cada vez se deprimía más. Había llamado al servicio por puro despecho, pero fue empezarle a preguntar qué llevaba puesto y qué le apetecía hacer y rompió en llantos y se puso a hablar de cómo se sentía”.

La espiral de sentimientos fue creciendo y al final muchos clientes se enfadaron porque, cuando las chicas intentaban atenderles, ya estaban contagiadas de ñoñería y no eran capaces de usar el lenguaje sucio y descarnado necesario para llevar a cabo su tarea.

El departamento de webcams -chicas que se dedican a retransmitir en directo, y previo pago, cómo van quitándose la ropa- también acabó contagiado del espíritu romántico que se extendió por la empresa y todas sus trabajadoras se dedicaron a enseñar fotos de sus novios y de sus hijos a los clientes que solicitaban el servicio.