El mundo del deporte está conmocionado. Pau Gasol, el célebre jugador de baloncesto, no es alto. Mide aproximadamente 1’59 metros y se apoya en un amigo suyo que lo sostiene por debajo. Su amigo, que se llama Ramón y está con él desde Primaria, lo lleva a hombros todo el rato. Sobre qué le parece que Pau se lleve toda la fama, Ramón apunta convencido: “No me quejo, nos repartimos el dinero”.

Todo empezó como una broma en la escuela. Pau y Ramón querían jugar a baloncesto en el patio con los mayores. “Nos hicimos el alto para que nos cogieran”, comenta Ramón. El tándem funcionó tan bien que ganaban siempre y les pidieron jugar en el equipo del cole. Del cole al Cornellà, y luego al Barça. “No nos dimos ni cuenta y ya estábamos jugando con los altos de verdad; no había vuelta atrás”.

Llevan muchos años de sacrificio, viviendo en soledad una situación que esconden por vergüenza, pero también por miedo a la reacción de la gente. “Es difícil llevar una vida normal si eres diferente. La sociedad no está lo suficientemente madura para aceptar algo así”, sostiene Ramón, que añade: “Allí donde vamos sufrimos bromas y burlas, hasta de nuestros propios compañeros de selección. La sociedad española debe cambiar”.

Ahora Ramón ha roto su silencio por una causa benéfica, como explica a El Mundo Today. “El calendario solidario con los niños con lepra merece todo mi apoyo, y aunque Pau es más de Unicef y de lo del cáncer, yo he decidido participar individualmente porque la beneficiencia es una actitud personal”. Ramón se ha fotografiado con los niños leprosos sólo de cintura para abajo y representará el mes de marzo de 2010.