Finalmente, y tras doce años de matrimonio, la infanta Elena y Jaime de Marichalar están dispuestos a formalizar su ruptura tras declarar hace dos años el “cese temporal de su convivencia”. El divorcio, que parece inminente, dejaría libre a doña Elena María Isabel Dominica de Silos de Borbón y Grecia, de modo que cualquier español de bien podría cortejarla sin miedo.

“Cuando se casó con Marichalar sentí un poco lo mismo que cuando se casa esa chica del colegio en la que siempre te fijabas. Aunque lo siento por él, no puedo evitar sonreír ante la perspectiva de encontrarme a la infanta en un bar de moda y poderle decir, sin reparos, que está muy guapa y que me gustaría invitarla a una copa” confiesa José Romero, ingeniero madrileño que, aunque no es monárquico, reconoce que la infanta Elena “siempre ha tenido su qué”. Son muchos los ciudadanos que, como José Romero, se acicalan y se ponen sus mejores galas para despertar en doña Elena la llama del amor.

“Tras el divorcio, hay un tiempo prudencial de duelo por la ruptura en el que como es natural nadie está dispuesto a iniciar una nueva relación afectiva. Ese periodo de luto emocional puede ser más o menos largo dependiendo de la persona, pero dado el contexto de la infanta Elena, con la rigidez moral de la monarquía a sus espaldas, no sería raro que durara dos o tres días” declara Juana Márquez, asesora matrimonial. “Pues yo no sé si podré esperar. Espero que cuando empiece a salir de marcha haya superado ya lo de Marichalar porque yo voy a entrarla fijo” reconoce José Romero.

La infanta Elena, discreta como es costumbre, no ha querido hacer declaraciones al respecto. “Hay una realidad que deberá afrontar lo quiera o no: la de esos miles de españoles de su generación, o incluso más jóvenes, que están esperando a coincidir con ella para cortejarla”, advierte Márquez.