“Creemos que nuestro detector, que es como un termómetro de la muerte por decirlo así, hará la vida de mucha gente más fácil”, explicaba un representante de la marca. “Cuando alguien vea a una persona mayor cerrar los ojos y quedarse encogida como un pollito no necesitará carraspear o darle una bofetada para comprobar si se despierta y está viva. ¿Por qué habríamos de pasar por esos momentos de pánico y, encima, despertar de su plácida siesta al abuelete?”. Con la nueva invención bastará con introducir un pivote por el recto del anciano y una voz indicará si éste sigue con vida o no.

Ante las dudas de algunos periodistas -que dijeron que parece mucho más cómodo y respetuso con el abuelo darle una colleja para comprobar que está vivo en vez de introducirle cualquier cosa por el ano- el representante del producto quiso hacer una demostración en vivo con alguno de los ancianos del geriátrico, asegurando que “hasta un niño podrá usarlo”. Sin embargo, ninguno de los residentes se prestó voluntario.

“Para nosotros va a ser de gran ayuda”, dice una de las enfermeras del centro residencial. “A veces damos conversación durante días a viejos que ya no lo necesitan, no sé si me explico. Quiero decir, que a veces estamos ahí hablando y a lo mejor ellos ya hace tiempo que pasaron a mejor vida. Que están muy lejos de aquí y ya nada les importa. Que han muerto, coño”.

El aparato se pondrá a la venta en Mercadona el mes que viene. Desde la web de la compañía podrán descargarse sonidos y voces -como las de Chiquito de la Calzada o Homer Simpson- para incorporar al sistema.