El arquitecto canadiense James Burnett obsequió ayer a los ciudadanos de Toronto con “un espectáculo improvisado de una belleza conmovedora”, en palabras del alcalde David Miller. “Me dijo que se iba a arrojar por la ventana y le contesté que a priori lo veía complicado. Le pregunté si sería capaz de hacerlo bien y se puso a dibujar unos planos” explica Leo Harris, compañero del suicida.

Acabados los bocetos, el arquitecto decidió abrir la ventana de su estudio y ponerse de pie en la repisa, atrayendo la atención de numerosos amantes de la geometría. “Hasta entonces siempre había levantado cosas desde el suelo hacia arriba, pero nunca al revés. Fue un paso definitivo en su carrera. Dudo que sea capaz de repetir algo así” reconoce Harris, que basándose en los planos le ayudó a marcar el lugar exacto en el que tenía que estamparse.

“La curva fue perfecta. Su cuerpo cortó el vacío limpiamente, como si fuera un trozo de tarta. A mí me dio hambre” explica la esposa de Burnett, a quien el suicida dedicó sus últimas palabras admitiendo que ella le empujó a abrazarse al abismo.

“Fue un giro radical en su trayectoria. De hecho fueron varios, los giros. Y el cuerpo quedó incrustado en el pavimento de una forma que recuerda a las mejores obras de su colega Frank Gehry. Con la cabeza estampó su firma en el suelo, como diciendo ‘aquí estoy yo’. Magistral” explica el también arquitecto Douglas Cardinal, quien advierte que “ahora el peligro es que todos quieran hacer lo mismo y empiecen a llover copias de Burnett por todos lados”.

En España, el alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, se ha interesado por la obra del arquitecto y ha confesado su intención de contratarle para que ofrezca un espectáculo similar en la ciudad condal. Al ser informado de que Burnett había muerto, ha declarado que “esto también lo decían de las hombreras y mira, resulta que ahora vuelven”.