El célebre saxofonista Kenny G decidió organizar ayer un concierto en el ascensor de un rascacielos de Seattle, su ciudad natal, puesto que es precisamente en los ascensores donde sus melodías acostumbran a triunfar entre el público. “Toqué más flojo de lo normal para no dejar sordo al personal, pero quedó todo muy bien. En el tiempo que tardamos en subir al ático, pude interpretar las piezas clave de mi carrera musical. Luego uno encendió un porro y nos liamos a decir tonterías”, explica el músico.

Las autoridades tardaron en permitir la celebración del concierto porque se esperaba que una multitud de seguidores colapsara el edificio e intentara colarse en un ascensor que sólo admite el acceso a ocho personas de peso normal. Sin embargo, finalmente sólo acudieron tres amigos y familiares del artista y un repartidor de DHL que se encontraba ya en el ascensor. “Nos intercambiamos los teléfonos y quedamos en repetirlo otro día. Dicen que ya me llamarán, si eso” explica ilusionado Kenny G.

Uno de los asistentes al recital asegura que “mi primo Kenny está en plena forma. Conforme iba tocando, notabas que todo vibraba y sentías algo raro en el estómago, como de estar subiendo rápidamente a la cumbre del jazz”. El concierto se interrumpió abruptamente a los dos minutos, cuando un vecino paró el ascensor en la octava planta. “Yo quería bajar, pero ellos subían. Además, vi que se traían un rollo raro. Les dejé seguir con lo suyo y bajé por las escaleras”, apunta. Al finalizar el trayecto, el saxo de Kenny G dio paso al hilo musical que venía por defecto en la cabina, que también incluía canciones del artista.