El Hospital Gregorio Marañón, uno de los centros sanitarios más importantes de Madrid, tendrá que cerrar sus puertas después de que el personal sanitario, pese a su amplia experiencia y a los elevados sueldos, haya sido incapaz de evitar la muerte de un paciente de 78 años que estaba siendo atendido en la Unidad de Cuidados Intensivos. “Un compañero me comentó en el ascensor que había muerto alguien y le dije que no podía ser, que tenía que tratarse de un error. Hemos fracasado como colectivo y todo el hospital huele a cadáver”, admite uno de los facultativos.

“Será mejor que se dediquen a la jardinería o al teatro. El que no sirve, no sirve. Y los ciudadanos no daremos nuestra vida para que se convenzan de ello” declaraba una de las pacientes del hospital mientras abandonaba las instalaciones alegando que prefería que le ligara las trompas “un negro de esos del top manta”.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, se ha disculpado públicamente por la patente incompetencia de un centro que dependía de la Administración. “Los responsables de esta desgracia deberán rendir cuentas públicamente ante los familiares del anciano y explicar qué lleva a una persona con un cáncer terminal a abandonar este mundo que está lleno de cosas bonitas. Luego tendrán que explicarme a mí qué les lleva a ellos a ponerse una bata blanca si son incapaces de hacer el trabajo por el que se les está pagando”.

Aguirre también ha insinuado que el hospital podría reconvertirse en una franquicia de la cadena de restaurantes Foster’s Hollywood. “La batita les servirá para no mancharse y quizá también puedan aprovechar parte del instrumental. Porque vamos, digo yo que hamburguesas sabrán hacer. Eso sí, ¿no?” ha declarado sin contener su sarcasmo.