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Una matanza en un instituto se salda con prácticamente todo el mobiliario intacto

Las autoridades consideran “regulín” el número de víctimas

El mobiliario fue respetado a conciencia.
Nada podía hacer suponer a los habitantes de Dorson Creek, Pensilvania, que el 8 de setiembre sería un día que recordarían el resto de sus vidas. A las 8.30, como cada mañana, los alumnos del instituto de la pequeña localidad se dirigían a las aulas cuando dos adolescentes, Jonas D. Shelton y Nicolas H. Bardini, penetraron en el recinto con armas semiautomáticas y empezaron a disparar contra sus compañeros y profesores gritando eslóganes vegetarianos.

Después de un violento tiroteo, un cuerpo especial de la Policía logró abatir a los dos jóvenes antes del mediodía cuando, según la legislación estadounidense, los miembros de los cuerpos de seguridad tienen derecho a una hora para comer. Un primer recuento de víctimas arroja un número que según las autoridades no es “ni muy alto ni muy bajo”, sino más bien “regulín”.

Algo que convierte este nuevo tiroteo escolar en un caso sorprendente son los mínimos desperfectos causados en el propio centro así como en su mobiliario. “Los dos chavales estaban como locos, pero tuvieron mucho cuidado en no disparar contra ventanas o puertas. Ni siquiera hay agujeros en ninguna taquilla del pasillo”, afirma un portavoz del centro docente, que se lamenta también de que “quizás, si más balas se hubieran incrustado en las paredes, se hubieran salvado más vidas, pero bueno, no nos podemos quejar”.

Antes de perpetrar su acto de barbarie, los dos adolescentes colgaron en su web un manifiesto en favor de una vida en concordia con “nuestros hermanos los vegetales”, y se denunciaba una “civilización enferma que se complace viviendo entre muertos” puesto que “cualquier objeto de madera es el cadáver de un árbol y no tenemos ninguna intención de disparar a los muertos”.

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