Un empleado descontento de la cadena alemana de supermercados LIDL se infiltró anteayer en las oficinas del grupo Schwartz -propietario de la firma- y sustrajo una serie de documentos confidenciales. Entre ellos, se encuentra un informe que explica que, para distinguir claramente sus líneas de negocio, los responsables de Schwartz decidieron resumir con las siglas LIDL la descripción “Chorradas de mala calidad para cutres que comen de todo”.

La Organización Mundial del Consumidor ha puesto el grito en el cielo al considerar que “la empresa se ha estado aprovechando de que el alemán es el único idioma europeo que nadie entiende para faltar a sus propios consumidores”. Tras conocerse esta información, la Unión Europea ha abierto una investigación para detectar si existen irregularidades parecidas. “¿Quién nos asegura que IKEA no significa ‘Maderas para burros que recorren kilómetros con el coche y luego encima tienen que montar ellos mismos los muebles que han comprado’?” se pregunta indignado Dacio Alonso, portavoz de la Unión de Consumidores de España.

Joseba Müller, experto en filología alemana, reconoce que “el alemán es un idioma con el que resulta fácil quedarse con la gente principalmente porque los que no son alemanes no entienden un pijo de lo que estás diciendo”. Müller añade que, si encima se usan siglas, “puedes tomar el pelo hasta a los propios alemanes, que saben más alemán que los demás pero tampoco mucho”. Por este motivo, la Unión Europea no descarta prohibir que los alemanes y, en general, todos los países nórdicos, usen siglas extrañas.