La expectación que está levantando “Mapa de los sonidos de Tokio”, la última película de Isabel Coixet, ha llevado a muchos pacientes -algunos en estado grave o muy grave- a salir de los hospitales españoles en busca del cine más cercano. “Hacen cola de dos horas con el respirador a tope. Hay desmayos, esputos y aparte de palomitas nos piden pastillas que no tenemos” explica Javier Fernández, director general de Cinesa.

Los médicos, horrorizados, comprueban cómo se escapan sus pacientes de las unidades de cuidados intensivos, aunque algunos facultativos entienden la situación: “He visto la película y yo también lo haría”, sostiene un oncólogo del Hospital de Barcelona.

“Los seres humanos nacemos incompletos. Isabel Coixet es como esa pieza del puzzle que nos falta” explica uno de los espectadores en estado terminal que se ha escapado en plena operación de urgencia. “Me han dicho que puedo perder la pierna, pero mientras me quede el oído lucharé por escuchar los sonidos de Tokio”.

La ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, reconoce que “para evitar una catástrofe sanitaria generalizada, lo óptimo sería proyectar la película en los hospitales”. Sin embargo, se ha calculado que lo que habría que pagar a la SGAE para que ello fuera posible implicaría suspender tratamientos muy costosos y prescindir de una vez por todas de la anestesia en las intervenciones quirúrgicas. “Les aseguro que con Isabel Coixet no es necesaria la anestesia”, ha precisado el director de Cinesa, buen conocedor del filme tras haberlo visto XVIIICDIIIVII veces.

La directora catalana se ha mostrado conmovida ante el entusiasmo del público, aunque ha querido restar importancia al asunto argumentando que “cuando se estrenó ‘Lost in Translation’ también se cerraron muchas escuelas”.