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«Espío a mis vecinas para protegerlas»

HÉROES DE VERANO

Juan Merlo vive pegado a sus prismáticos desde que era adolescente. Los usa para espiar a sus vecinas «y evitar así que les ocurra algo malo. Si resbalan en la ducha, si se desmayan y caen al suelo completamente desnudas, yo me daré cuenta y actuaré». Reconoce que «vivir pendiente de los demás es alienante a veces, pero proteger al débil reconforta».

Los primeros prismáticos que tuvo se los regaló su abuelo para que observara a los pájaros. «Pronto me di cuenta de que yo valía más que para dedicarme a contemplar el paisaje pasivamente. Estamos rodeados de personas a las que podemos servir». Insiste varias veces en que «vivimos en una sociedad individualista en la que nadie se preocupa por nadie. Yo vivo pegado a mis vecinas sin que ellas lo noten. Soy su protector».

Se dedica a espiar exclusivamente a mujeres «porque detecto en ellas cierta fragilidad, necesito ver qué hacen a cada momento porque me angustio y no quiero que les ocurra nada malo». Aunque no ha tenido que socorrer a ninguna de ellas hasta la fecha, insiste en que «nunca se sabe lo que puede pasar porque el nuestro es un mundo lleno de peligros».

Cuando espía, apaga las luces de su cuarto y procura no ser detectado «porque entiendo que sentirse vigilado continuamente no es agradable, aunque sí necesario». Comprendió que su actividad tiene riesgos el día en que el novio de una muchacha a la que estaba espiando «vino a visitarme para expresar sus dudas respecto a lo que hacía yo pegado a la ventana mientras la chica se quitaba la ropa. Intercambiamos pareceres y al final se calmó tanto que hasta se ofreció a acompañarme al hospital». Ahora viven pendientes el uno del otro.

Juan no descansa ni en verano. «Alquilo un apartamento en Lloret de Mar, pero nunca en primera línea de mar. Siempre intento que la visibilidad sea óptima. A veces me escapo a la playa pero incluso allí vigilo tras las rocas a las mujeres que toman el sol: los rayos UVA son peligrosos». Gracias a su incesante vigilancia, cientos de chicas viven más seguras aunque no lo sepan ni puedan agradecérselo personalmente a su ángel de la guarda.