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«Engaño a mi mujer para fomentar la natalidad»

HÉROES DE VERANO

Andrés Rofias siente la necesidad de procrear desde los trece años. «Coincidió con el descubrimiento de mi sexualidad, curiosamente», confiesa. Después de casarse y tener dos hijos, había inhibido sus ansias de semental «porque mi esposa no quería más niños y, conociéndola, supuse que no le haría gracia que los tuviera con otras personas». Sin embargo, tras ver un reportaje sobre la baja natalidad en España, entendió que estaba siendo egoísta. «Sería más fácil quedarme en casa, pero el país necesita que mi semen circule y cree vida».

En contra de lo que podría parecer, Rofias asegura que no es liberal. «No me gusta la vida disipada y aborrezco el sexo por el sexo. Yo, si hago algo, es siempre pensando en que dé frutos. Cuando veo a compañeros míos pagando por practicar el sexo y sabiendo que no les darán nada a cambio, me deprimo».

Tampoco disfruta engañando a su mujer, pero está convencido de que ella «piensa en sí misma antes que en España, es lo que nos diferencia a ambos. No quiere que comparta mi semen con el resto de los ciudadanos. He hablado con ella, incluso le he mostrado gráficos. Los españoles necesitamos una media de 2,1 hijos por mujer para que las futuras generaciones reemplacen a las actuales, y hoy por hoy estamos en 1,1. Pero para ella sólo son números y el futuro le da igual».

Andrés regresa hoy a casa después de pasar un mes en un supuesto congreso de cardiología en Barcelona. «En realidad he renunciado a mis vacaciones para fornicar, porque es cuando tengo tiempo para hacerlo día y noche». A lo que se niega es a procrear en el trabajo. «Me paso el día en el quirófano y allí tiene que estar todo esterilizado. Tendría que haberme dedicado a la televisión, donde se pasan el día follando».

El doctor Rofias pretende educar a sus hijos para que entiendan la importancia de la procreación y sigan su ejemplo. «Les diría que montaran una secta de esas de follar, como los americanos, pero aquí no hay cultura para eso. Y así nos va. Yo es que pienso en nuestros índices de natalidad y me pongo malo. Veo a una mujer, la que sea, y se la metería hasta en el bolso».