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El buen salvaje cumple cincuenta años

LO CELEBRARÁ EN SOLEDAD, REVOLCÁNDOSE EN LA MALEZA

El buen salvaje en una foto de archivo.
Perdido en un rincón del mundo totalmente aislado de la sociedad, el buen salvaje celebrará hoy su medio siglo de existencia rodeado de animales y flora silvestre. Los afortunados que se han podido acercar a él estos últimos años -siempre a distancia, muchas veces observándole desde el aire- aseguran que se mantiene activo pero sin el vigor de antaño. «Está fornido, pero como es bueno por naturaleza creemos que no mata animales. Una dieta sin carne, poco equilibrada, a la larga tiene sus consecuencias» explica el antropólogo Richard Remming, quien admite que ahora el buen salvaje vive más tranquilo que en los años sesenta: «fue la época de los hippies, de la exaltación de la naturaleza. Muchos intentaban acercarse a él para adorarle, de modo que se refugió en zonas más inaccesibles. Fue entonces cuando le salieron las primeras canas».

Fiel encarnación del mito de Tarzán, del Cándido de Voltaire o de Mowgly de «El libro de la selva», vive ajeno a su condición de referente cultural y poco se sabe de su vida salvo que fue amamantado por ardillas salvajes.

«Han intentado engatusarle muchas veces para que se integrara en la civilización. Se dice que los mormones le visitaban a menudo y que Walt Disney quiso montar un parque de atracciones allí donde vive. Se creen que es tonto pero no lo es. Bueno sí, pero de tonto nada» explica Richard Remming.

Para celebrar el cumpleaños del buen salvaje, Howard Schultz, dueño de Starbucks, ha querido prepararle un lote con café y bollería que una avioneta se encargará de dejar en medio de la selva. «Schultz es gilipollas. Con un paquete lleno de granos de café no hará nada salvo chuparlos y ponerse como una moto. Schultz demuestra día a día que es imbécil y se lo recuerda a todo el mundo cada vez que uno de sus empleados pretende escribir el nombre de un cliente en un vaso de plástico que quema como un jodido demonio» se queja Remming. «Lo bueno del buen salvaje no es que viva en libertad, sino que pasa completamente de esos subnormales con traje y corbata», insiste el antropólogo.

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