Marta está herida pero satisfecha.
Una lucha sin cuartel ha tenido lugar esta noche en el dormitorio de Marta Anfruns, de siete años. Al parecer, un mosquito -realmente feroz y sediento de sangre dadas las numerosas picaduras que cubren el cuerpo de la pequeña- se habría colado en la habitación. Tras la primera picadura y al oír en numerosas ocasiones un molesto zumbido cerca de la oreja, Marta entendió, pese a su temprana edad, que la única solución era acabar con la vida del intruso. “Es como cuando Susana en el cole me pegaba siempre y papá me dijo que no dejaría de hacerlo si no la pegaba yo”, ha explicado la niña ante sus emocionados padres. Éstos no se han percatado de la cruenta batalla que ha tenido lugar en la habitación contigua hasta que, por la mañana, cubierta de picaduras pero sonriente, Marta ha entrado tambaleándose en su habitación y tras decir “he ganado” ha caído al suelo completamente rendida.

“Los sábados siempre entra a las siete de la mañana y nos hace levantar a todos con una energía realmente molesta, pero hoy parecía un zombie que se hubiera tragado un panal de abejas, toda cubierta de picaduras” explica su madre emocionada. Al dirigirse a la habitación de su hija, y tras encontrarlo todo revuelto y ver una enorme mancha roja en la pared con el cadáver del mosquito, lo ha entendido todo. “Parece ser que se lo tomó en plan personal. Nunca deja que nadie coja sus cosas y tiene muy mal despertar. Y entre que intentaban robarle la sangre y no le dejaban dormir, pues supongo que acabó estallando”, apostilla el padre.

Todo apunta a que la criatura no descartó emplear sus muñecos más preciados como armas arrojadizas, pues muchas de sus muñecas han aparecido rotas o sin cabeza. La pared, pintada con alegres motivos infantiles, ha quedado llena de desconchados y pequeñas manchas de “zapatillazos”.

“Ha tenido que ser algo realmente grandioso”, dice el padre, “tendremos que pintar y comprar nuevos muebles, pero creo que mi hija ha demostrado un gran arrojo y no tenemos nada que reprocharle. Aprovechando la reforma quizá pongamos una mosquitera en la ventana. O quizá le compremos un insecticida, aunque a mi hija le gusta jugar limpio y no creo que lo usara”.

La niña ha hecho prometer a sus padres que ofrecerán un funeral digno y a la altura de su contrincante.