Una foto entre cientos.
Valentina Rodríguez, la madre de la criatura, también trajo un álbum de fotografías que fue pasando de empleado a empleado hasta que todo el mundo lo hubo visto. Pese a que la visita de la madre sólo se realizó en un departamento de la sucursal, pronto el espíritu se contagió a toda la compañía gracias al envío masivo de e-mails y circulares interdepartamentales.

Fueron pocos los que no vieron en el bebé una excusa idónea para dejar de estar delante del ordenador durante un rato. La persona que más tiempo sujetó a la criatura fue Delfina Casas, que según sus compañeros lleva dos años “intentándolo”. No pudo contener las lágrimas cuando devolvió al niño a su madre porque éste no dejaba de llorar. “Es su hora de la tetita”, dijo Valentina, que se puso a amamantar a su retoño haciendo ver que no le resultaba embarazoso. Sus compañeros también hicieron ver que no les resultaba incómodo y el proceso culminó con un provechito y aplausos.

A última hora del día, el director del departamento intentó poner algo de orden pero fue inmediatamente enternecido por el suave llanto del bebé y no pudo resistirse a cogerlo en brazos. Luego le vomitó en el traje y todo el mundo rió distendidamente, olvidando por un momento los roles profesionales de cada cual. Para hoy se espera que el trabajo vuelva a la normalidad, aunque por la mañana muchos no recordarán que como fondo de escritorio pusieron una fotografía de mala calidad del niño sólo para hacer feliz a la madre.