Ayer a las seis de la tarde, Rubén Henares, de once años, reunió a sus padres y, con el apoyo de su hermana pequeña, se autoproclamó “rey de la casa”. Raúl Henares, hasta entonces cabeza de familia y ahora “encargado de bajar la basura y comprar el pan”, cree que “esto de montar una revolución francesa es cosa de la edad” aunque su esposa asegura que, si no ponen remedio, la situación podría alargarse indefinidamente porque el niño “es un tirano afectado de megalomanía” cuyo egocentrismo le está llevando a tirar a la basura todas las fotos del álbum de la familia en las que no sale él. “Incluidas las fotos de nuestra boda, como si quisiera deslegitimarnos como fundadores de esta familia”, se lamenta su padre.

“El liderazgo de mis padres ha sido débil y sin rumbo. La popularidad de mi madre ha ido debilitándose en las últimas semanas porque, pese al calor, ha continuado haciendo sopa cada noche para cenar. Y qué decir de mi padre. He vivido durante once años bajo el yugo de su manera de criar a los hijos mediante sermones, conversaciones incómodas y escolarización. Si yo me he puesto al mando es porque no había nadie más capaz. Ahora mismo tengo muchos planes para mí y para mi casa. Planes de futuro. Creo que mañana empezaré a afeitarme, pues ahora soy el que manda y tengo que cuidar mi aspecto” dice Rubén apoltronado en el sillón que antes solía ocupar su padre y con los pies encima de una mesita de cristal de aspecto frágil.

El golpe estuvo coordinado con su hermana pequeña, de siete años, que ha pasado de mostrar cierta indiferencia por su hermano mayor a ser una seguidora incondicional. “Le ha comido la cabeza y no se da cuenta de que su hermano es un tirano que ha asumido el liderazgo únicamente mediante la fuerza del pataleo, el chantaje emocional y el bloqueo de las comunicaciones, pues es el único que sabe cómo enviar y leer mensajes de texto en el móvil y cómo enchufar el cacharro de la TDT”, dice la madre de Rubén, que admite que la situación se les ha ido de las manos y no saben cómo recuperar ni el poder ni el sentido común. “Lo peor es que cuando queremos solicitarle algo siempre tenemos que pasar por mi hija primero. Nuestra pequeña se ha vuelto una burócrata irracional y sin escrúpulos”.

Los padres de Rubén confían en el apoyo y la mediación de la abuela del niño. Ésta ha condenado “sin paliativos” la actitud de su nieto y ha bloqueado la elaboración de rosquillas y otros dulces “hasta que mi hija le dé un cachete, que era como solucionábamos en mis tiempos el golpismo y las tonteriitas”. Pese a todo, el apoyo que recibe Rubén de otros niños en la Red es immenso y son ya muchos los padres que han cortado el acceso de sus hijos a Internet por miedo a que se reproduzca una situación similar en sus casas.