Antes tenía unos vulgares ojos marrones de clase media.

Antes tenía unos vulgares ojos marrones de clase media-baja.
“Quería tener una mirada de poeta. Bueno, mirada de poeta poeta, así agilipollada y pensando en tonterías, no. Quiero decir una mirada de diamantes y rubíes como las que describían los poetas de antaño. Estoy pensando en ponerme perlas en los dientes también”, confiesa la mujer. “Ojalá pudiera ponerme… qué se yo, unos riñones de Tous. Lo haría sin dudarlo. Sólo por darme el gusto”.

El entusiasmo de Bibiana Creixell no es compartido por sus familiares aunque respetan su decisión y, de hecho, el coste de la operación fue asumido por su marido a modo de regalo de aniversario. “Aún no sabe usar el bastón y comiendo espaguetis es todo un espectáculo, porque claro, no ve muy bien. De hecho no ve nada en absoluto. Yo pensaba que vería las cosas como si mirara a través de un caleidoscopio, pero se ve que ni siquiera eso. Pese a todo se la ve más segura de sí misma. Está reluciente. Se la ve feliz y con eso me basta”, dice su esposo. “Ella siempre ha sentido que la gente no se la tomaba en serio, era insegura y no aguantaba las miradas. Ahora no hay quien le tosa. Lástima que, entre los ojos de avispa y la piel encurtida que tiene por las cremas que usa, ahora parezca una especie de Robocop diseñado por Lladró. Pero en fin, ella está feliz y yo no sabía qué regalarle tampoco”.

Las piezas que Bibiana Creixell se ha implantado son de la serie “Ojos Swarovski” y cuestan casi 50 euros la unidad.