El robot Trompetilla en uno de sus solos.

El robot Trompetilla en uno de sus solos.
“Controlar artistas no siempre es fácil, todos tienen su genio y sus cosas. Ahora ese problema está solucionado” explica por teléfono Ferran Massovell, director de Transports Metropolitans de Barcelona. “No somos agentes musicales y a lo que estamos acostumbrados es a tratar con locomotoras y máquinas expendedoras de billetes. Para nosotros este paso era lógico y necesario. Ahora, si quiero, puedo poner a todos los robots a tocar canciones de Serrat pulsando un único botón. De Serrat o de Raimon o de lo que sea. Y ni una sola queja. No como antes, que yo les pedía que tocaran cosas que me gustaran a mí y ni caso”.

Tras el primer día de funcionamiento, los robots han recibido críticas dispares por parte de los usuarios. “Carente de alma, mecánico, es como escuchar un casiotone” dice un adolescente crítico con los artistas de metal. Otros son más crípticos: “Al menos huele bien”, apunta un señor. La mayoría, sin embargo, no ha notado apenas el cambio dada la poca atención que suelen atraer músicos y mendigos entre los viajeros. Los robots sólo acapararon el protagonismo cuando un bebé se puso a llorar porque uno de ellos, dando buena muestra del esmero con el que lo fabricaron para que parezca cercano, intentó abrazarlo mientras cantaba canciones peruanas. Muchos elogiaron el “genuino acento” del androide.

Massovell quiere dejar claro que la “diversidad étnica y cultural” que podía verse hasta ahora en el metro de Barcelona tendrá continuidad. “Había un chino que tocaba canciones de esas insoportables de chinos en un transbordo de la línea 4. Pues bien, ahora tendremos un robot con sombrero de chino que también tocará canciones insoportables. Y alguna canción de Serrat también, claro”.