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Roban agua a los ricos para apagar un fuego

LOS AFECTADOS DENUNCIARÁN A LOS BOMBEROS

La alarma se desató ayer en Altafulla (Tarragona) cuando varios helicópteros sobrevolaron las residencias de numerosos vecinos de la población con el objetivo de succionar el agua de sus piscinas arrebatándoles así uno de sus bienes más preciados en época estival. «Fue un atraco por todo lo alto. Ni siquiera tuvieron la decencia de esperar a que saliésemos del agua. Ahora nuestras piscinas están medio vacías y para soportar el calor tenemos que encerrarnos en nuestros chalés secándonos la garganta a golpes de aire acondicionado» se lamentaba uno de los afectados. Cuando Tito Puig -empresario y representante de la comunidad vecinal- pidió ayuda a las autoridades para detener de una vez por todas el saqueo, se le respondió que los helicópteros formaban parte de una dotación de los bomberos y que el motivo del hurto «se debía a un fuego que había en no sé qué pueblo de por allí», explica Puig, quien está decidido a «emprender cuantas acciones legales sean necesarias».

«Esto es como beber de la copa del vecino en un restaurante porque el camarero no nos repone el vino. Si quieres más vino, lo pides, pero no robes el de los demás» argumenta el empresario. «Lo realmente fuerte es que la brillante idea, por no llamarla crimen directamente, proviene de las mismas personas a las que pagamos impuestos religiosamente. Si quiero apagar los fuegos de otros me hago bombero, pero desde luego no estoy dispuesto a solucionarles la papeleta a unos señores que cuando no se quema nada se limitan a tocarse la barriga y, cuando tienen problemas, se dedican a aprovecharse de los demás para salir del paso. Se creen que nos impresionan con sus helicópteros, pero yo no salgo por ahí con mi todoterreno a intimidar a las personas».

Reunidos en un local cercano al castillo de los Marqueses de Tamarit, los vecinos han ido siguiendo a través de una pantalla plana la evolución del incendio que ha servido de excusa para arruinarles las vacaciones. «Yo es que ya no quiero ni verlo. Te roban el agua y encima te lo restriegan, enseñan cómo la tiran allí en los bosques de cualquier manera. Y el fuego, ya me perdonarán, pero es el maldito fuego de todos los años, el mismo del que luego nadie se acuerda y que encima ha sido provocado por algún paleto que, por no ir al restaurante, se pone a cocinar unas costillas a la brasa en medio del campo» afirma indignada una célebre interiorista que ha querido permanecer en el anonimato.

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