Sólo Marta está “cualificada” para entrar en el espacio protegido.

“Bueno, aquí no ha venido ningún técnico ni nada pero, como ya le he explicado a mi madre, ellos tienen satélites o qué se yo y han detectado que aquí hay microorganismos muy valiosos y el caso es que aquí no puede pasar nadie a limpiar ni a molestar”, comenta Marta.

“De hecho, me llamaron y me dijeron que las formas de vida microscópicas que sólo se encuentran en mi habitación requieren de un hábitat muy especial que se da sobre todo en los zapatos y en la ropa nueva. Y en los bolsos nuevos también. Así que habrá que invertir en ello porque la Tierra se lo merece y si nosotros podemos contribuir a mejorar la vida del planeta pues ganamos todos en biodiversidad como le digo a mi madre”, ha explicado la chica.

Rocío, madre de la adolescente, aunque ha optado por “respetar la vida”, cree que las instituciones no han tenido en cuenta que su hija convive con el resto de la familia y que no le están dando un buen ejemplo para que se convierta en una “mujer de provecho”.

“Es que no se ve el suelo, tú entras y son todo papelotes y calcetines y ropa. Y ella está ahí delante del ordenador riéndose a carcajadas a lo tonto, cosa que da un poco de miedo y todo”, se queja. “Yo lo que digo es que ya nos podían haber dado una subvención o algo. Mi marido dice que esto de las reservas naturales siempre atrae a muchos turistas y que podríamos montar un Parador Nacional en el comedor para rentabilizarlo, pero no sé yo”.