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El Hospital Clínic organiza un campamento de verano para los enfermos de la UCI

SE SUSTITUYE LA ANESTESIA POR MOJITOS

Uno de los enfermos recibiendo analgésicos.

El Hospital Clínic ha trasladado la mayor parte de su Unidad de Cuidados Intensivos a una playa privada de la Costa Brava, donde se han habilitado tiendas de cámping para los enfermos y varias tumbonas con goteros y monitores de frecuencia cardíaca. La playa ha sido cedida desinteresadamente por uno de los médicos de la unidad, el doctor Rubirós, a quien se le ocurrió lo del campamento cuando le comunicaron que le tocaba cubrir las guardias del mes de agosto.

«Es cierto que la arena no es lo más apropiado para las heridas abiertas, pero el sol siempre es bueno para las infecciones. Además, nos hemos ahorrado traer suero fisiológico, pues usamos el agua del mar que está salada» explica Loli Lemes, jefa de enfermería. «A algunos enfermos les ayudamos a meterse en el agua empujándolos en camilla por los riscos, disfrutan muchísimo, sobre todo los de la unidad de quemados». De hecho, es tanta la afición que tienen los pacientes por el agua que a muchos les han cambiado la cama por una colchoneta hinchable y, si están en estado consciente, saludan mientras se alejan plácidamente de la orilla.

Algunos familiares se han quejado de que el «campamento» no reúne las condiciones mínimas. «Es verdad que, por ejemplo, no hemos traído anestesista porque el doctor Jofré es más de montaña que de playa, pero hay barra libre de mojitos en la piscina, así que no debería haber problema», dice el doctor Rubirós. «El ambiente es mucho más distendido y los pacientes están más animados, lo cual siempre es bueno para ellos. Además, hemos notado que las enfermeras también están como más accesibles y se muestran abiertas a cosas nuevas».

No todas las familias están a disgusto con el cambio, muchas creen que es una iniciativa a imitar. «A mi marido le quedan dos días y preferimos pasar sus últimas horas aquí», dice la mujer de un paciente en coma. «Aunque sean pocas, pueden hacerse muy largas y así al menos los niños toman el sol. Y para mí misma también es bueno, porque estar todo el día en el hospital es malísimo para el ánimo, las cervicales y el bronceado. Yo creo que aquí le pueden garantizar una muerte digna a ritmo de salsa. Además, cuando Antonio estaba sano, su comportamiento en la playa era más o menos el mismo: se estiraba en la toalla y ale, a dejar pasar las horas. La pena es que no es consciente de todo lo que hacemos por su salud, pero bueno, resulta gratificante igual».

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