Atentados estéticos como el de la foto se han ido reproduciendo por todo el país.

Las tensiones entre artistas y decoradores empezaron cuando un interiorista añadió unos topos verdes a “Composición roja” de Mark Rothko para que el cuadro hiciera juego con unas cortinas. Fue demandado por parte de los herederos del pintor. “A veces un cliente te pide que le pongas un cuadro de tal o cual pintor en el despacho o en el salón, porque da prestigio, y eso lo entendemos. Pero tú tienes una idea del estilo del hogar del cliente y un cuadro mal puesto de Miró puede ser un suicidio estético”, dice el director del sindicato de interioristas. “Nosotros pedimos a los artistas y a los críticos de arte que se amolden a nuestros patrones de trabajo y hagan uso de nuestras etiquetas, que básicamente son tres: ‘minimalismo’, ‘Ikea desenfadado’ y ‘cuernos de marfil’. De este modo será más fácil encontrar las obras que necesitamos a cada momento. Sólo pedimos eso. Eso y que se dejen de ordinarieces y tonterías que no interesan a nadie y no quedan bien en ningún sitio”.

Los “nuevos ricos” son los más afectados.

Atentados estéticos como el de la foto se han ido reproduciendo por todo el país desde el inicio de la huelga.
Los principales afectados son, sobre todo, aquellas personas adineradas que necesitan a los decoradores para mantener la línea estética de sus hogares y despachos. Muchos han recurrido a Ikea para saber, con cierta solvencia, que no comprarán ningún mueble de mal gusto. Los piquetes, sin embargo, han previsto ese movimiento y han cortado el acceso a todas las tiendas de muebles de diseño. No han hecho lo mismo en las grandes superficies dedicadas a la venta de muebles baratos como “El rey del tresillo”, “Muebles Dino” o “Conforama”, lugares en los que las personas adineradas se están viendo obligadas a comprar sus muebles y complementos desde hace días.

“El otro día puse una cabeza de toro en el despacho”, dice un ejecutivo madrileño. “Lo quería consultar con un interiorista, pero ninguno me cogía el teléfono. Pensé que el toro aportaría al estilo minimalista de mi oficina cierto aire de ‘Ey, me gusta el arte y tal pero también soy muy macho’. Pero lo cierto es que no he conseguido cerrar un trato desde entonces. Estoy valorando citarme con los clientes en un Starbucks. Estamos todos igual, esperemos que esto se arregle cuanto antes”.

“Me gusta extender el buen gusto a cualquier rincón, desde el mueble de la tele al cubo de la basura, pero sin nadie que me asesore siento cómo el Feng Shui se me escapa entre los dedos y no puedo hacer nada por evitarlo”, dice otra afectada. “En el ‘living’ de mi casa palpitaba una estética rebosante de emociones, pero me ha dado por comprar unos pergaminos egipcios en una tienda de decoración y me he cargado el estilo de todo el salón. Ahora necesito cambiar la alfombra pero tengo miedo de equivocarme de nuevo, así que tengo el suelo lleno de periódicos”.

El colectivo de artistas no parece interesado en atender a las demandas de los interioristas, por lo que se prevé que las protestas se alarguen indefinidamente. Los fabricantes de cuadros de punto de cruz, tapetes para mesas y platos decorativos de cerámica ya han empezado a multiplicar su producción, en espera de una subida espectacular de las ventas.