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Un sólo microondas para 350 diputados

CALENTAR LA COMIDA EN EL CONGRESO ES UNA ODISEA

El presidente del Congreso, José Bono, ha tenido que llamar al orden a los diputados este mediodía cuando en la cola para calentar la comida se ha acusado a Soraya Saénz de Santamaría de «dejar el microondas hecho un asco porque no utiliza el plástico protector que compramos la semana pasada y además siempre se trae de casa unos potajes que parece mentira», en palabras de Manuel Chaves. Juan Manuel Moreno ha defendido a la portavoz popular replicando que «nadie tiene derecho a decir lo que tiene que comer un diputado». Algunos analistas políticos apuntan a la necesidad de comprar otro microondas para no deteriorar el ejercicio de la democracia.

En un intento por apaciguar los ánimos, Bono ha recordado que «muy cerca de aquí está ‘El Rincón de Jose’, donde sirven una ensaladilla magnífica y de postre tienen tarta de orujo», pero su sugerencia ha sido tomada como un intento de evitar la polémica sin abordar la raíz del problema. «Si el señor Bono es tan amable de facilitarme un tíquet restaurante para que no me cueste un duro esa ensaladilla que dice, pues quizá me lo pienso. Pero de momento, ya que traigo el ‘tupper’ en la cartera cada día, lo que quiero es comer caliente y no tener que esperar colas insufribles. Hay días en los que esto parece una comuna» ha asegurado Rafael Merino.

La llegada del microondas en el Congreso de los Diputados tuvo lugar en 1987 y en su momento fue vista como un sinónimo de normalidad democrática. «Fuimos el tercer país europeo en tener microondas en la cámara baja de las Cortes Generales después de Alemania e Inglaterra. Ahora, sin embargo, hasta el país más modesto tiene como mínimo dos aparatos y una Nespresso. Nosotros tenemos que aguantar con ese trasto viejo que calienta cuando le da la gana y, si queremos café, sólo podemos traer de casa algunos granos para chuparlos» explica Sáenz de Santamaría.

El rifirrafe en la cola para calentar la comida llegó a su punto álgido cuando uno de los diputados descubrió que una persona que ni siquiera se dedica a la política estaba esperando también para calentar su comida en el microondas del Congreso. «Que venga gente de fuera ya es el colmo. Al final habrá hasta turistas y les tendremos que hacer de camareros» se ha quejado Moreno. Sin embargo, luego se ha descubierto que el «intruso» no era más que un colaborador de Carme Chacón que le calienta la comida «porque ella misma reconoce que es un poco torpe a la hora de calcular los tiempos y un día casi desintegra una pechuga de pollo».