“Un drogadicto entra en una frutería, saca una pistola y grita: ¡Déme todo lo que tenga, que tengo el mono! Y le responde el frutero: ¡Lo único que te puedo dar es un plátano, cobarde!”. El chiste contado por Esteban Madrazo, de nueve años, todavía hace reír a su familia cuando se reúne en el salón pese a lo desesperado de su situación. Lo tiene preparado desde que tenía siete. Esteban es uno de los 13.000 niños andaluces que, según el último informe europeo de educación, aún no han pasado por un programa de humor del canal autonómico. “Nos dicen que hay cola, que la temporada que viene, que ‘p’aquí’ que ‘p’allá'”, comenta dolido su padre, Abel Madrazo. “Después, de repente, cancelan el programa o lo cambian de horario y ya no nos viene bien porque tanto su madre como yo tenemos trabajo. Lo que queremos es que el Gobierno se haga cargo y, si hace falta, se dedique menos tiempo a cada niño para que puedan acudir más”.

Era una de las medidas estrella del programa de Javier Arenas para las elecciones autonómicas de 2008, que sin embargo no le llevó a la victoria. “El PSOE niega, niega y niega la situación hasta que le explota en las manos”, declaró Patricia Navarro, presidenta de las Nuevas Generaciones de Andalucía. “Se necesitan más programas, una parrilla más homogénea donde todos los niños tengan cabida. Sin embargo Canal Sur pierde el tiempo con series de producción propia y una programación claramente partidista donde los niños que cuentan chistes y las niñas que quieren cantar y bailar no tienen espacios para ello. Chaves debería explicar los motivos, porque a mí se me escapan”.

La nota de esperanza en este cruce de acusaciones la han puesto los presentadores Juan y Medio y Alicia Senovilla, que han explicado en un comunicado que “si los niños no pueden venir al programa, nosotros iremos casa por casa escuchando sus chistes”. Esto no parece una solución para la familia Madrazo. “Esteban quiere ir a la tele a contarle el chiste a una cantante famosa para que se ría mucho”, prosigue su padre Abel. “Y las cantantes quieren escuchar a mi hijo y los presentadores están dispuestos a hacer esos sacrificios; entonces lo que falla es el Gobierno. Yo no pago impuestos para que mi hijo me cuente los chistes a mí”.