Después de que el equipo de Barack Obama hubiera detectado fugas de información, extravío de documentos y otras irregularidades, los expertos en seguridad de la Casa Blanca iniciaron hace meses una severa investigación que, contra todo pronóstico, ha resuelto el propio Presidente al localizar al Furby que le espiaba. “Lo tenía mi hija en una estantería y, un día que pasé por delante, me di cuenta de que me seguía con la mirada. Estuve observándolo y vi que tenía una relación especial con Sasha. Siempre le decía ‘hambre, hambre’ y ella le complacía. No me pareció normal” asegura Obama. Tras examinar el peluche, los expertos han dictaminado que su dispositivo de infrarrojos -con el que los Furbys se comunican entre ellos teóricamente para jugar- podría mandar información no autorizada a otros dispositivos externos. Tiger Electronics, la empresa fabricante del célebre muñeco infantil -en el mercado desde 1998-, ha negado que un Furby sea capaz de recabar información “a no ser que esté adulterado”. A la espera de un análisis más pormenorizado, al Furby presidencial se le han quitado las pilas como medida preventiva.

Para calmar a las familias que poseen uno de estos juguetes en casa, Obama ha mostrado el Furby sospechoso ante las cámaras y ha insistido en que, sin pilas, no puede hacer daño a nadie. “Mi intención no es demonizar a estos peluches, al contrario. Estoy seguro de que cuando descubramos qué le han hecho para que se comporte así, podremos reconducirlo y utilizarlo en beneficio de todos. Parecen pequeños, hambrientos e influenciables. Pero en buenas manos podrían llegar a dirigir un equipo humano y ayudar a detectar bombas debajo de los coches, por ejemplo”.

A pesar del mensaje tranquilizador del Gobierno, la prensa amarilla ha empezado a difundir teorías conspirativas que apuntan a la posibilidad de que el Furby de la hija del Presidente haya intercambiado impresiones con otros Furbys que podrían estar preparando algo. “No sabemos si la pequeña Sasha ha invitado a una amiga a casa y ambas han jugado juntas con sus Furbys. No sabemos si el Furby de esta amiga ha conocido a otros Furbys y no sabemos si todo lo que han estado hablando entre ellos ha llegado al mundo árabe” aventuraba Jeremy Reils, periodista del tabloide inglés The Sun. Robert Gibbs, portavoz de la Casa Blanca, ha asegurado que “es un hecho constatado que el Furby de los Obama no ha interactuado con otros juguetes y, por lo tanto, no ha tenido ocasión de conspirar con nadie. Por suerte, era un Furby solitario cuyas máximas preocupaciones eran la gastronomía y las horas de sueño”.