María del Carmen R. obligó ayer a su hijo de cuatro años a ponerse un jersey de punto en la terraza de un bar de Sant Antoni de Calonge (Girona) ante la mirada atónita de la gente. “El niño se negó en varias ocasiones y la mujer se lo enfundó en la cabeza mientras él se revolvía dentro intentando escapar”, declara un testimonio. Según fuentes policiales, la madre proyectó su propio frío en el niño sin dejar que él mismo gestionara su temperatura corporal, cayendo en el abuso de menores.

“Es la historia de siempre”, explica un agente de la Policía local. “Algunos padres creen que los niños son una posesión suya, un muñeco, y llegan a violar su integridad pensando que todo lo que hacen es por el bien de la criatura. Pero no es más que violencia doméstica y necesidad de controlar a los demás decidiendo incluso cuándo deben abrigarse y cuándo no. Son menores, pero no son perros”. La acusada pasará a disposición del Tribunal de menores y el afectado, que actualmente está siendo sometido a terapia psicológica, vivirá con su padre y recibirá periódicas visitas de los asistentes sociales.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el 43% de los niños españoles ha sido disfrazado de marinerito para acudir a su Primera Comunión y el 78% se ha visto forzado en algún momento a repetir un poema o una frase de cortesía para agradar a un familiar. “Estamos hablando de cientos y cientos de criaturas que viven como marionetas y que, al entrar en la adolescencia, sienten la necesidad de devolver todo el daño que han recibido”, lamenta la psicóloga infantil Cristina del Pozo.