“Montamos una pequeña empresa de mimos y malabaristas a domicilio y fracasó. Trabajar para el ayuntamiento puede sacarnos del hoyo en plena crisis” asegura uno de los mimos que ejerce de señal de stop en la calle Montevideo de Lugo. José Clemente, alcalde de la localidad, está satisfecho con el trabajo de los mimos aunque admite que “muchos conductores creen que se están burlando y reaccionan violentamente, incluso intentan atropellarlos, y eso que hemos repartido panfletos explicativos”.

Las autoridades confían en que se supere pronto el periodo de adaptación y que los mimos pasen a formar parte del paisaje urbano sin levantar sospechas o provocar altercados. “Las autoescuelas de la ciudad ya incluyen también a mimos que enseñan cómo interpretar sus gestos correctamente. Lo bueno es que un mismo mimo puede señalar cosas distintas y eso antes no era posible, había que sustituir una señal por otra cada vez”, explica el alcalde.

Aparte de la falta de costumbre, se han detectado fallos de interpretación en los conductores que han puesto en peligro la seguridad vial: “iba a ochenta por hora o así por la carretera cuando he visto a un chaval en el suelo convulsionándose. He frenado en seco y casi me estampo. Al bajar, he visto que era uno de esos mimos. Se revolvía en el suelo para indicar que había gravilla y que el terreno era inestable. Hasta que lo he comprendido han pasado como diez minutos, porque ya puedes estar a punto de pegártela que ellos no abren la boca” se queja un automovilista. El ayuntamiento insiste en atribuir estos incidentes a la novedad del sistema y pide la paciencia y la colaboración de todos los ciudadanos.