Daniel Carasso, presidente de Danone, murió el pasado domingo a los 103 años de edad dejando a los trabajadores de su empresa completamente desorientados. “Nosotros sabemos hacer yogures. Ahora nos están hablando de acciones, planes de amortización, hojas de ruta, reuniones bilaterales y consejos de administración. No sabemos qué es eso. Sabemos lo que es un yogur y punto” ha declarado un representante del comité. La plantilla ha optado, pues, por abandonar el capitalismo y funcionar “de forma más sencilla al menos hasta que venga otro que sepa lo que es todo eso de los planes de negocio”.

Las fábricas de Danone siguen funcionando a pleno rendimiento pero no hay control empresarial. Los empleados han dejado de cobrar su nómina y se han suspendido los canales habituales de distribución, sustituyéndose por tenderetes en los que se venden yogures y otros productos lácteos a cambio de servicios. “Si necesito que alguien me corte el pelo, se lo cambio por productos de la empresa. Y lo mismo con la mujer de la limpieza o el colegio de mis hijos” explica Jean Grénard, uno de los trabajadores.

Aunque los expertos creen que esta situación es provisional e insostenible, de momento nadie se ha quejado y, por lo tanto, no ha surgido la necesidad de sustituir al fallecido Carasso. “Era un buen hombre, pero ya no hacía yogures. Se reunía mucho. Nosotros hacemos yogures y de momento la gente come yogures, estemos o no estemos cotizando en la Bolsa”, añade Grénard.