José Rodilla durante su intervención.

José Rodilla, de 23 años, asistió al festival de comedia acompañado de algunos de sus compañeros. “Venimos al festival cada año y el contrato lo llevaba encima porque uno de mis amigos es abogado y quería que me comentara unas cosas. Cuando lo miró me dijo que aquello era para denunciarlo” explica Rodilla.

Él no tenía intención alguna de formar parte del espectáculo, aprovechó una pausa entre dos monologuistas para subir al escenario con la intención de “remover conciencias sobre la situación de los trabajadores”. Pero en cuanto empezó a hablar sobre el personal de Recursos Humanos y las preguntas del test psicotécnico, sonaron risas y aplausos. El momento álgido llegó cuando Antonio leyó en voz alta su propio contrato, en un último intento de denunciar su situación laboral.

“Fue un poco frustrante, pero al menos la gente lo pasó bien. Yo les decía: ¿sabéis lo triste que es para las cajeras ver pasar por delante de ellas tanto dinero al cabo del día? ¿Sabéis lo deprimente que es vender aparatos de electrónica que valen tres veces tu sueldo? Lo dije porque tengo compañeros con depresión. Pero la gente se reía sin parar”, explica. 

“Empecé a trabajar en Fnac porque en teoría ofrece mucha flexibilidad para estudiar, pero el reparto de turnos es tan kafkiano que si me deja tiempo para estudiar luego no me quedan horas libres para ir al examen. Llevo en la empresa doce años, pero en cuanto termine la carrera lo dejo”.