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Encuentran el origen de la mala leche

El sarcófago que la contiene puede provocar el caos

El material es inestable, por lo que los trabajos se realizan con lentitud y el mejor ánimo posible.
Algunos escritos, especialmente medievales, hablaban de la existencia de un «santo grial de la irritabilidad» y aunque han sido muchos los que han dedicado su vida a buscarlo, pocos creían en la veracidad de tales relatos. Se sabe, eso sí, que durante el tercer Reich Adolf Hitler pidió a Heinrich Himmler, jefe de las SS, que buscara la llave que le abriría «el poder de dominación mediante la discordia, la apatía y el berrinche generalizados». Su búsqueda, como la de tantos otros, fue infructuosa.

El equipo que ha dado con la fuente de la mala leche ha seguido una metodología basada en la ciencia. «La mayoría de relatos son confusos y no todos tienen credibilidad. Algunas relacionaban su ubicación con la Atlántida, por ejemplo, así que no podíamos fiarnos. Elaboramos unas estadísticas muy minuciosas: número de divorcios por habitante, de despidos, de broncas a camareros… eso nos señaló algunos lugares y luego fuimos descartando hasta que vimos que sólo podía tratarse de Lyon» dice Mathew Brown. «Lo cierto es que nada más llegar a Francia uno ya percibe en el ambiente que una fuerza sobrenatural está actuando, modificando las conductas de sus habitantes, haciéndolos díscolos e impertinentes».

Efectos de una hipotética apertura del sarcófago de la mala leche. Hacer click para ampliar.
Efectos de una hipotética apertura del sarcófago de la mala leche. Hacer click para ampliar.
Brown no quiere siquiera especular con la posibilidad de que el sarcófago que contiene la mala leche se abriera. «Esperemos que eso no ocurra jamás. Todos los que se encontraran a menos de cinco kilómetros del sarcófago ni siquiera se darían cuenta de cómo la más amarga cólera nublaría su ánimo. Los que estuvieran más lejos sentirían tal inquina e irritación que probablemente acabarían matándose entre sí. Los supervivientes pasarían el resto de sus días viviendo en un perpetuo enojo del que no se recuperarían jamás. Incluso en las antípodas se sentirían disgustados sin razón alguna durante semanas. No sé, mejor no pensar en esa terrible posibilidad. Sería una explosión. Una explosión de ira».

Los franceses están estudiando cómo gestionar el descubrimiento. Algunos creen que habría que encofrar con plomo y cemento la tumba. «Por un lado, encofrarla limitaría su influencia y nos haría más agradables y simpáticos. Pero por otro lado también dejaríamos de ser franceses y acabaríamos convirtiéndonos casi en italianos, siempre con esa boba sonrisa en la boca. Dios, cómo los odio» declaró Nicolas Sarkozy desde Lyon, a donde se desplazó ayer por la mañana.

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