Un equipo de psicólogos de la conducta de Palo Alto (California) ha concluido que el trabajo y el deporte son los principales temas de conversación que los hombres sacan a relucir cuando se sienten incómodos ante la presencia del pene de otro en un vestuario. “Nuestras investigaciones sobre el terreno han demostrado que, por mucho que se intente actuar con naturalidad, y por mucho que el contexto justifique plenamente la desnudez, el pene ajeno siempre actúa como foco de atención provocando malestar, como diciendo ‘eh, mírame a mí que te estoy hablando'” explica el doctor Roger Levin. “Desviar la mirada no es suficiente, se necesita otro recurso que permita, por un lado, acortar distancias con la otra persona para que deje de resultar amenazante y, por otro, tener que mirar a los ojos del interlocutor y no allí donde en el fondo no podemos dejar de mirar”. Los especialistas aclaran que esa reacción es “habitual y no tiene nada que ver con ser gay. De hecho se resuelve tocando los genitales de los demás hasta que el sujeto percibe que los tiene controlados, un poco como hacen los niños que descubren la sexualidad”.

“Al principio reconozco que me molestaba mucho ver otros penes que no fueran el mío. No sé, esa cosa arrugada rondando por ahí me hacía sentir inseguro. Como en la película esa, Alien, que tienen al bicho suelto y en un descuido ya les salta en plena cara. Después había otros que, obviamente, te recordaban que lo que se considera grande o pequeño depende de factores culturales” confiesa un voluntario que participó en el estudio, admitiendo al mismo tiempo que “cuando me pidieron que agarrara los genitales de mi compañero de taquilla como quien le da la mano sentí pavor pero, realmente, después me acostumbré hasta el punto de que su pene perdió todo el interés para mí, pasó a ser parte del mobiliario”.

En España los resultados de la investigación han tenido una inmediata traducción práctica. La cadena de gimnasios DIR ha elaborado una serie de panfletos explicativos donde se insta a los clientes a “perderle miedo a la cosita de los demás” a base de mantener un contacto firme y prolongado con los genitales que producen ese efecto perturbador. Son muchos, sin embargo, los que prefieren seguir hablando de fútbol.