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El Día Mundial de la Hipocresía termina con sonrisas y buenos propósitos

PRESOS DE ETA DIERON CLASES DE ESPAÑOL A NIÑOS DE PRIMARIA

Obama apoyó públicamente en Kenia al presidente corrupto Mwai Kibaki.
El mundo entero se rindió ayer a los pies de la simpatía y el buen humor en una jornada marcada por el entendimiento mutuo y la complicidad entre los países y sus gentes. «Los mandatarios occidentales hemos tenido la oportunidad de conocer de cerca la labor que realizan los dictadores en algunas de las zonas más pobres y devastadas de la Tierra. Tendríamos que hacer más cosas juntos» ha explicado el presidente americano Barack Obama. También en España se realizaron actividades de promoción de la hipocresía a nivel político y social. Un grupo de catalanes pertenecientes al Institut d’Estudis Catalans (IEC) visitó la sede madrileña de la COPE. «Aquí hay profesionales como la cope de un pino» bromeaba Salvador Giner, presidente del IEC, que regaló banderas de Catalunya a todo el equipo de la emisora. «Con una bandera catalana se pueden hacer varias banderas españolas estrechas. Nunca había pensado en esa posibilidad», comentó animado César Vidal.

«Mi hijo estuvo dos meses en el hospital después de que unos hinchas del Real Madrid le molieran a patadas. Con la inestimable ayuda de la Policía, localizamos a las familias de esos chicos y organizamos una comida. Mi hijo les enseñó la secuelas de la paliza y, como tiene el habla afectada, nos morimos todos de la risa haciéndole recitar poemas. El año que viene tenemos que repetir» declara Rosa Ortega, educadora social residente en Tarragona.

Iniciativas parecidas tuvieron lugar también en los Estados Unidos, donde varias asociaciones de víctimas del 11-S se personaron en la prisión de Guantánamo para visitar a los presos y recitar juntos el Corán. «Estaba todo muy bien organizado. Primero nos juntaron a todos en una sala y nos hicieron construir dos castillos de naipes de varios metros de altura. Tardamos como cinco horas. Luego, los soldados abrieron una puerta y entraron unos cuantos árabes gritando consignas y lanzando aviones de papel contra los castillos hasta que los derribaron. Revivir el accidente fue muy catártico» explica uno de los testimonios de la experiencia.

El éxito de la celebración ha sido aplaudido en todo el mundo sin excepciones, por lo que se repetirá muy probablemente el año que viene. «Aquí, como siempre, haremos lo que diga Zapatero», ha afirmado satisfecho Mariano Rajoy.

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