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Construye un castillo de arena de siete plantas

A SUS SEIS AÑOS, GINO HA RECLUTADO A CIEN BEBÉS APAREJADORES

Fabrizio Lardi acudió con su hijo Gino a la playa napolitana de Torregavena y, cuando despertó de la siesta por el ruido de los flashes y el estruendo de la multitud, se percató de que Gino había erigido un monumental castillo de arena con la ayuda de un equipo de criaturas que trabajaron a sus órdenes durante varias horas. «No lo encontraba y cuando pregunté por él un señor entusiasmado me dijo: ‘creo que está en el ala oeste, supervisando la construcción de uno de los contrapesos’. Obviamente aquel juego infantil se había salido de madre».

Italia ha encumbrado a Gino Lardi como el arquitecto más talentoso y precoz del mundo, comparándolo a Leonardo da Vinci, pero su padre se niega a dejar que «una anécdota así convierta a mi hijo en una atracción de feria». El propio niño admite que el proyecto arrancó como un juego sin pretensiones: «empecé yo solo con la pala y el cubo y después vinieron otros niños. Ahora hemos subcontratado la impermeabilización de los tabiques y el tejado, porque aquí hay mucha humedad. También necesitamos refuerzos porque no hay suficientes bocatas para todo el equipo y muchos tienen que trabajar demasiadas horas con el pañal sucio. Pero aún y así las condiciones de trabajo cumplen los estándares».

Fabrizio Lardi asegura que, si hubiera sido consciente de que la construcción del castillo estaba alcanzando estas dimensiones, hubiera detenido a los niños. «De vez en cuando Gino venía a pedirme agua o crema solar. Yo le decía que sí, que lo cogiera de la bolsa, sin ni siquiera abrir los ojos. Le preguntaba qué estaba haciendo y me contestaba que estaba construyendo un castillo de arena junto a otros niños. Y claro, era verdad».

Las autoridades tuvieron que desalojar a un grupo de inmigrantes sin techo que se instaló sin permiso en la tercera planta del castillo. Aunque aún no se ha decidido qué uso se le va a dar a tamaña edificación, todos están de acuerdo en que es su pequeño arquitecto y creador quien debe tener la última palabra. «Quizá lo tiro. No quiero que cuando me vaya se pongan a jugar otros niños» ha declarado Gino, escandalizando a sus cientos de admiradores.

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