Los papeles han acabado sepultando la impresora.


Los papeles han acabado sepultando la impresora.
Roberto F., empleado de la sede principal del Ministerio de Economía, decidió imprimir Internet en la oficina puesto que se había quedado sin línea ADSL en casa. “No sabía que tardaría tanto. Mi idea era tenerlo en papel para no depender de Telefónica, y además se lee mejor”. El funcionario ha sido sancionado por utilizar indebidamente y por interés personal la impresora del Ministerio, que en estos momentos está imprimiendo las webs que empiezan por la letra “b”. “Cada día se crean miles de páginas nuevas, no acabará nunca” se lamenta su superior inmediato. 

En estos momentos, el caos se ha apoderado de la sede ministerial y la propia Elena Salgado ha tenido que intervenir en el asunto, enfrentándose a uno de los primeros grandes retos de su mandato. “Se ha entrado en una especie de callejón sin salida: si se intenta abortar la impresión, la red se bloquea porque debe eliminar una cantidad de información inabarcable y, si no se repone el papel, no imprime pero tampoco se soluciona nada” reconoce la ministra. Se calcula que el causante del desaguisado, seleccionando simplemente la opción “imprimir todo”, ha causado un daño parecido al que hubiera provocado talando doscientos millones de árboles. “Internet es un arma poderosa que no debería estar al alcance de todos. Este señor, concretamente, no debería tener absolutamente nada a su alcance” ha afirmado uno de sus compañeros.