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Tres peluches viejos deprimen a cientos de niños

ALGUNOS SE HAN VISTO ABOCADOS AL EXISTENCIALISMO

Los peluches lloraban arrinconados en la calle Major de Sarrià.
El servicio de pediatría del Hospital Episcopal de Barcelona hizo saltar la alarma al detectar un aumento muy significativo de los casos de depresión infantil. «Nos sorprendió que se tratara casi siempre de niños del barrio de Sarrià, de familias con dinero y sin aparentes problemas más allá de si preferían la Wii o la Play Station» explica el doctor Raimundo Lérez. Una investigación de los Mossos d’Esquadra ha dado al fin con el origen del problema: tres peluches tristes y abandonados en unas bolsas de basura iban minando poco a poco la estabilidad emocional de los niños que pasaban por su lado cada día.

Las familias de los niños afectados respiran aliviadas ahora que se ha neutralizado el foco del problema: «ya no sabíamos qué hacer. Decía cosas muy extrañas y tristes como ‘no hay nada fuera del todo’ o ‘el sufrimiento impregna mi vida como el agua inunda al río’. Llegó incluso a dibujar ataúdes en las raquetas de pádel y, cuando le pedías explicaciones, te contestaba que la medicina golpea a la muerte pero nunca la derrumba» declara la madre de Borja F., una criatura de apenas seis años «que siempre había tenido un carácter muy alegre».

Sin embargo, los efectos de los peluches no han remitido del todo. El doctor Lérez explica que «muchos de los pacientes siguen preguntando adónde han ido a parar esos peluches porque se han dado cuenta de que nuestra sociedad esconde todo aquello que molesta. Desconfían de los adultos y eso agrava su tristeza aún más». Las autoridades no han querido revelar el destino de los muñecos sucios y tristes que han sido retirados de la vía pública y se está estudiando la posibilidad de decorar los containers de Barcelona con pegatinas del programa infantil «Club Súper Tres», que emite desde hace años Televisió de Catalunya. Lérez cree que la medida puede ser contraproducente, aunque admite que «son muchas las criaturas que piensan que el vertedero es el destino idóneo de los personajes del ‘Súper Tres'».

En 1992, la presencia de las mascotas olímpicas Cobi y Petra produjo también desarreglos emocionales entre la población infantil. «Muchos niños no entendían cómo se podía encumbrar a un perro atropellado y a una niña sin brazos, les parecía macabro y enfermizo», explica el pediatra.

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