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Construyen un coche gigante por error

TOMARON MAL LAS MEDIDAS

Dos empleados españoles del grupo Volkswagen cometieron un grave error al tomar las medidas de uno de los coches que se fabrican en la planta de Martorell y el resultado obtenido fue un automóvil del tamaño de un edificio de cuatro plantas. Miguel Sebastián, ministro de Industria, ha tenido que convencer a la cúpula de la empresa para que no cierre la fábrica. Los expertos, por su parte, aseguran que si el coche arrancara contaminaría hasta el punto de adelantar dos días el cambio climático.

Mientras el Gobierno y la Generalitat se esfuerzan por evitar el cierre definitivo de la planta, Pepe Cordón y Juan Blanco, responsables del desastre, insisten en acusar a un tercer empleado, al que se refieren como «el Martínez», que presuntamente calculó mal el veinte por ciento de ochenta, modificando las proporciones de la carrocería del Volkswagen Polo que se estaba fabricando. Se sospecha, sin embargo, que el tal Martínez no existe y que se trata de una maniobra de distracción. «Hace tres meses construyeron una mesa plegable con las piezas de un Golf y también dijeron que había sido ese tal Martínez. Investigamos un poco y, como no encontramos nada, ellos mismos nos pasaron un retrato de ese empleado fantasma, que resultó ser una de esas imágenes que trae por defecto Windows Vista» explica el encargado de la planta.

Quieren comprarlo a plazos con la tarjeta de El Corte Inglés.

Cordón y Blanco admitieron en cierto modo ser responsables del desaguisado cuando revelaron su intención de comprar el vehículo con la tarjeta de El Corte Inglés y compensar así a la empresa por los daños que han provocado. Aunque nadie les ha autorizado a efectuar la compra, ya han plantado un pino en el salpicadero del automóvil «para que haga de ambientador». La esposa de Pepe Cordón explicó ayer al ser entrevistada en el programa «La ventana» de la cadena SER que «mi marido tiene la manía de montar las cosas a su manera. En casa le dio por instalar los halógenos en el suelo y, aparte de que deslumbraban y no se veía nada, pisabas continuamente las bombillas hasta que te salían ampollas en la planta del pie». También aseguró que no estaba dispuesta a que su marido trajera el Polo gigante a casa «porque ya tenemos suficientes trastos. De todos modos me ha dicho que si yo no lo quiero lo revenderá a unos gitanos que conoce para que monten su poblado dentro».

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