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Roban carteles de «No se admite publicidad» en Barcelona

La propaganda empieza a desbordar la capital

Uno de los valiosos carteles que aún no han sido sustraídos.
«Nuestro cartel lo hizo el hijo de la del Primero C, que sabe de ordenadores» comenta Yolanda Fernández, portera de un bloque de la calle Diputació. «Ahora no sé de dónde vamos a sacar otro porque el niño estudia fuera y creo no volverá hasta Semana Santa. Tenemos que hacer una reunión para hablar del tema pero los avisos de las reuniones también los hacía él, así que no sé. Hoy ya he sacado como cinco sacos de papel al container».

En los edificios desprovistos de portero son los propios inquilinos los que tienen que deshacerse de la publicidad. «Le contestaría amablemente, pero tengo que ir corriendo a Telepizza. Si vas a buscar una familiar con masa fina te regalan otra de precio igual o inferior. Aquí pone que es una promoción única e irrepetible. ¿Cuándo ha visto usted una oferta así de Telepizza? ¿Cuándo? Esto sólo pasa una vez en la vida» comenta entusiasmado un vecino de la calle Muntaner. «Y ayer estuve en el Carrefour porque la segunda unidad de las latas de atún Calvo salía a mitad de precio. Compré doscientas. ¡Estoy en racha!», añade extasiado. En su bloque, la placa de «No se admite publicidad» fue colocada hace diez años y desapareció hace tan sólo dos días.

Los Mossos d’Esquadra no tienen pistas sobre el delincuente, aunque sospechan que se trata de un repartidor de publicidad. Sus colegas dicen estar orgullosos: «hacía mucho que no me sentía tan satisfecho con mi trabajo, se me han agotado los panfletos en tres horas. Sólo pedimos que nos dejen trabajar, y esos carteles eran… humillantes y tristes. Muy tristes» comenta Pancho Vegas, un ecuatoriano que se gana la vida repartiendo boletines de Media Markt. «Nos tomaban por tontos. ¿Verdad que yo no voy diciendo por ahí que no necesito dentistas, panaderos o críticos literarios? Pues ya está». Los vecinos no se muestran en absoluto comprensivos y son muchos los que han tenido que comprar nuevos buzones para hacer frente a los reventones. Otros, simplemente, se han marchado de la ciudad hasta que la situación esté controlada. «El problema es que, aunque atrapemos al culpable, no podemos procesar a nadie por robar un papel imprimido y pegado con celo» comenta Sergi Puértolas, comisario del distrito del Eixample. «No sería delito ni aunque se tratara de un DIN-A3, así que no sé qué va a pasar». 

«Es absurdo pensar que un infiltrado de nuestro gremio puede ser el responsable. A nosotros también nos afecta, no estamos preparados para tanta demanda» comenta el director de «Marketing Benítez». «Y nuestros clientes tampoco están satisfechos, ayer en PC City no cabía un alfiler y hubo disturbios cuando se acabó el portátil Acer que habían anunciado».

Las comunidades vecinales que aún no se han visto afectadas por los robos han organizado patrullas para proteger sus valiosos carteles. «Yo he puesto más celo en el nuestro y voy a comprar forro de libros para ponerlo por encima», comenta un testimonio. «Y si quieren quitarlo, bueno, pues que lo intenten».