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«La bicicleta pública era mi vida»

LOS ALMUERZOS DE EMT

"Montado en una de estas, la ciudad y yo somos uno".

Antes de que nos hagan sitio en la barra del concurrido Frankfurt Alt Heidelberg que el mismo Geest ha escogido como lugar de reunión, el joven alemán empieza a hablar de las bondades del Bicing: «fui uno de los primeros usuarios, ya sabes, por innovar y ser más chulito que nadie. Le hablé a tanta gente de lo cómodo que era que en buena parte fui el culpable de su rápida popularización». Ríe ruidosamente, lo cual recuerda al camarero que no nos ha tomado nota. «Acelgas fritas para empezar y luego ya iremos pidiendo más cosas» dice sin mirar la carta, lo que demuestra que no es la primera vez que acude al restaurante. «No es por sus platos alemanes, es que tienen una buena carta de cervezas. Como ahora ya no voy en bici puedo beber lo que quiera, algo bueno tenía que sacar de ello. Además me ayuda a superarlo». Y debe de necesitar mucha ayuda porque se bebe también mi cerveza.

«Cuando te subes a una de esas bestias rojas», dice en referencia a las bicicletas, «olvidas toda la porquería del día, el trabajo, todo. Siento palpitar el asfalto bajo el manillar, la ciudad y yo somos uno. La poseo. Mis biorritmos pedalean a su compás y necesito más y más y más. Para la gente normal todas esas bicis son iguales. Yo las distingo, para mí tienen un nombre, un rostro, una historia detrás. Mi favorita es Bárbol, con la que solía bajar a toda mecha desde Rambla de Cataluña hasta la playa; ella clavaba sus pezuñas en la arena y mi cuerpo salía despedido hacia las olas del mar, me abrazaba a ellas como un recién nacido a la vida». Sus ojos azules se llenan de furia, pero enseguida se recuerda a sí mismo su drama personal. «No quiero ni pensar en la de amigos a los que convencí para que lo probaran y que ahora… he sido un inconsciente». La emoción le humedece la mirada. Aunque bien podrían ser los aros de cebolla, que están ardiendo.

"Admitirlo es el primer paso".

Mientras deposita con suavidad una cantidad ingente de mostaza en el bocadillo de salchicha, explica que la adicción fue tan gradual que le costó mucho darse cuenta de su dependencia. «Es tu medio de transporte. Así que cuando tus amigos te preguntan por qué la usas para ir de una manzana a otra no les escuchas, crees que lo haces por comodidad. Pero cuando te despiertas por la noche empapado en sudor y decides ir a visitar a un amigo con cualquier excusa sólo para coger una bici… No sé, ahí ves que algo no funciona. Yo mismo me di cuenta cuando sentí la necesidad de traerme la bici a casa y ponerle un plato en la mesa. El problema es que el Bicing está muy aceptado socialmente sin que se contemplen los riesgos. Y encima ahora me pasa lo del premio. Como si no tuviera suficiente con verlas cada día por la calle». Es evidente que el problema de Mirko Geest necesita atención médica. La duda es si los gastos del tratamiento deberían correr a cargo del Ayuntamiento, como responsable principal de la adicción. Mirko no piensa en ello de momento, sólo quiere recuperarse. «No uso el Bicing desde hace unos días, es un gran paso pero todavía no he sido capaz de quitarme los reflectores de los brazos, así que no sé si saldré de esta».

Alt Heidelberg

– Acelgas fritas.
– 5 Kasler Braten.
– Surtido de empanadas.
– Choucrute.
– Aros de cebolla.
– Puré de patatas.
– 4 Lowenbrau.

Total: 29,5€.

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