Es imposible mantener una conversación inteligente con ellos.
Un hallazgo científico cambiará para siempre la relación entre hombres y delfines. Muestra de ello es lo que ha ocurrido en la costa Gallega, donde el delfín Gaspar -famoso por acercarse a la orilla periódicamente- visitó un año más el puerto de Lorbé atrayendo a las multitudes con sus saltos y cabriolas. Sin embargo, la expectación levantada por el animal se esfumó ayer de forma repentina al trascender los resultados de un estudio de la universidad de Stanford. Según Peter File, director de la investigación, los delfines son “idiotas y mezquinos”, en contra de lo que se suele creer. “Es cierto que sonríen, pero la suya no es una sonrisa pícara o socarrona. Es la sonrisa de un animal sin cerebro, posiblemente el mamífero más estúpido que existe. De ahí esos saltos arriba y abajo, esa manía de perseguir a los barcos… Pura idiocia”. 

"Efectivamente, se ha vuelto a perder.
"Efectivamente, se ha vuelto a perder".
Tradicionalmente, los científicos han afirmado que los delfines pueden comunicarse entre sí, lo cual demostraría una inteligencia superior. Los investigadores de Stanford pudieron comprobar que, efectivamente, estos cetáceos se comunican entre ellos mediante sonidos, e idearon un programa informático capaz de traducir e interpretar su lenguaje. “El resultado fue más que decepcionante, llevábamos años intentando entender lo que decían y cuando finalmente lo conseguimos… Bueno, fue un fiasco. Sólo saben hablar de comida y sus conversaciones son del todo absurdas, cada uno va a la suya y son bastante egoístas, se ríen unos de otros y se critican entre sí. Además, tienen poca memoria y siempre se explican las mismas cosas. Se cree que salpican y hacen travesuras porque son muy juguetones. Para nada, son unos auténticos bastardos. Nos matarían si supieran cómo hacerlo” comenta Peter File. Tan asombrados quedaron los especialistas de la estupidez de estas míticas criaturas que llegaron a considerar que los delfines fueran, en realidad, organismos unicelulares o amebas gigantes con forma de cetáceo.

Esta mañana, el delfín Gaspar nadaba en soledad, dando saltos cerca de la orilla intentando llamar la atención. Nadie se ha acercado a verlo. Sólo unos niños han acudido a lanzarle bolas de arena, pero el delfín no sabía esquivarlas y se han ido aburridos a los pocos minutos.