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Viaje al interior del zulo de ETA

REPORTAJE EN EXCLUSIVA

Una agente de paisano de la Ertzaintza muestra la guarida.

La noche del pasado martes, la Ertzaintza descubrió la existencia de un zulo de ETA en Ordizia (Guipúzcoa) gracias a la colaboración ciudadana. Hoy, las autoridades policiales han difundido los resultados de la exploración del habitáculo clandestino. Aparte de distintas armas con sus respectivas municiones, se ha encontrado un cargamento de enanitos de jardín y un ejemplar del libro «¿Quién se ha llevado mi queso?». «Es un hallazgo peculiar que indica, sin ninguna duda, un cambio en la operativa de la banda», ha afirmado un portavoz de la Ertzaintza. «Se está investigando la naturaleza de ese cambio, pero probablemente el alijo de enanitos de jardín sea un intento por parte de la organización de reaccionar a la crisis y conseguir financiación más allá de la extorsión y otros sistemas tradicionales». Este periódico ha podido visitar el zulo, ya acordonado, en exclusiva.


El zulo etarra se encuentra en una zona montañosa de Ordizia -localidad guipuzcoana antiguamente llamada Villafranca de Ordia- bastante alejada del gentío. Su aspecto es el de una pequeña garita abandonada, rodeada de arbustos y matojos. Agentes de la policía autonómica vasca entran y salen de la guarida, extrayendo sin cesar cajas de cartón llenas de enanitos de jardín (unas veinte, aproximadamente). «Parece mentira que todo esto cupiera aquí dentro, pero bien estructurado el espacio da mucho de sí», apunta una agente de paisano de la Ertzaintza encargada de acompañar a los periodistas en la visita. Una visita que se estimaba corta dadas las características del zulo pero que, sin embargo, se prolonga toda la mañana.

El lavabo es pequeño, pero para dos personas más que suficiente

«No hay metro, pero en coche te plantas en el centro en diez minutos, o sea que está cerca y si tienes niños no te tienes que preocupar de que les atropellen o les pase algo si juegan por aquí, es una zona muy tranquila». Cuando se le pregunta por el ejemplar de «¿Quién se ha llevado mi queso?», la agente responde: «aunque parezca raro, no lo es tanto. Cualquier organización de personas, aunque sea criminal, tiene su funcionamiento, y hay manuales que ayudan a implementarlo, a ganar en eficacia. ETA está tan mermada últimamente que es normal que se documente. El queso es una metáfora de lo que cada uno quiere alcanzar. En su caso es la independencia. Seguro que exploran maneras de conseguirla, se trata de que sepamos cuáles son para actuar a tiempo». El escondrijo tiene el tamaño y el aspecto de un retrete, con baldosas sucias y desgastadas, y una zona anexa casi testimonial. «Esto es lo que se llama una cocina americana», prosigue la agente. «Tú le pasas a eso una mano de pintura, le pones vitrocerámica y unas estanterías, y la cosa cambia. El lavabo es pequeño, pero para dos personas más que suficiente. Y es que no necesitas ni pasar la aspiradora. Los etarras no tienen tiempo para el menaje, por eso siempre buscan lo práctico».

La diferencia entre un zulo y un minipiso hoy en día sólo la marca el lenguaje

Un miembro de la Guardia Civil interviene en la conversación con más reflexiones sobre el entorno etarra: «la idea que se tiene aún de los terroristas es la de unos chavales con barba, chupas de cuero y tejanos raídos. Eso era así en los años ochenta, pero ahora estamos hablando de chicos modernos, urbanos y cosmopolitas. Bueno, cosmopolitas sin pasarse». «Cosmonacionalistas», apunta la agente de la Ertzaintza. «Exacto. Un poco como el chaval ese que anunciaba las pastas Gallo. Ese perfil de Juan Palomo». La agente se detiene en un aplique abollado y torcido que cuelga de una de las paredes: «esto es fácil de sustituir porque la instalación eléctrica ya está hecha. Por supuesto es de 220. Y aunque ordenador de sobremesa quizá no os quepa, ahora venden esos microportátiles tan baratos, ¿sabéis?». «Pero esto no es una vivienda, esto es para hacinar a los secuestrados, señora, es un zulo«, afirma finalmente uno de los visitantes. «Ahora sí, claro, pero hay que mirar al futuro. De hecho, la diferencia entre un zulo y un minipiso hoy en día sólo la marca el lenguaje. Todos estos espacios, y otros pisos francos que descubrimos los de la Ertzaintza o la Guardia Civil, se están revendiendo, aunque ahora con la crisis inmobiliaria es difícil. Pero siempre hay alguien dispuesto a reaprovecharlo. Tú a eso le pones parqué flotante y lo conviertes en hogar», replica la agente.

Plano en 3D facilitado por las autoridades.
Plano en 3D facilitado por las autoridades, con sugerencias para su posible amueblamiento.

En cuanto al tráfico de enanitos de jardín, el agente de la Guardia Civil aclara que se trata de la actualización de una estrategia muy utilizada por las bandas terroristas y paramilitares: «en los noventa en Colombia muchos grupos clandestinos y militarizados se financiaban casi exclusivamente con el tráfico ilegal de sombreros mejicanos, los mismos que después ves que llevan los turistas. Digamos que lo de los enanos de jardín es una españolización de esto, aunque los enanos creo que no son españoles sino de Australia. Bueno, enanos hay en todos los sitios, creo. Pero en eBay un trasto de esos puede alcanzar fácilmente los ochocientos euros. Además no van numerados y es difícil averigüar su procedencia. Pero estamos en ello». Terminada la exploración del zulo, los periodistas asistentes reciben un dossier con un plano del habitáculo y una relación de los distintos escondites descubiertos estos últimos años. Una información que, junto al análisis del material incautado, ayudará a predecir futuras actuaciones del grupo terrorista.

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