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Un anciano colapsa el metro de Madrid

SE HA PARADO EN SECO PARA MANDAR UN SMS

El señor Alfredo explicándose después del incidente.

Un anciano de unos setenta años que atiende al nombre de Alfredo ha colapsado las líneas 8, 9, 6 y 4 del metro de Madrid parándose en el tramo final de las escaleras mecánicas de «Campo de las Naciones» para mandar un mensaje de texto con su teléfono móvil. Las personas que iban detrás se han visto obligadas a hacer equilibrios para no empotrarse contra él y dos o tres viajeros han acabado precipitándose al suelo sufriendo heridas leves. La cola generada en las escaleras se ha ido extendiendo hasta los andenes de la estación, obligando a los trenes a pasar de largo para evitar desgracias (y perjudicando el tráfico de las demás líneas). «Ha sido horrible, había tanta gente en el andén que parecía que nos íbamos a caer todos a la vía. Y el abuelo allí, sin enterarse» ha declarado un testimonio. Alfredo, efectivamente, intentaba redactar un SMS totalmente ajeno al bullicio y aquejado, al parecer, de una leve sordera. Al ser interrogado posteriormente por las autoridades, el anciano ha declarado que quería avisar a su mujer de que llegaba tarde, pero ésta se ha enterado finalmente por la televisión puesto que, al cabo de una hora y media, el propio Alfredo se ha percatado de que en la estación no había cobertura y ha desistido de enviar el mensaje.

Los pasillos de la línea 8, saturados.

«No es la primera vez que un señor de avanzada edad provoca el caos» afirma Ricardo Humbert, experto en movilidad. «De hecho, hemos comprobado que algunos andan lento expresamente para generar colapsos y distraerse viendo cómo evoluciona el desastre. No sería raro que lo de hoy entrara dentro de estos parámetros», ha aventurado. Esta teoría es refrendada también por algunos viajeros, que aseguran haber notado en la expresión de Alfredo cierta satisfacción. «Es comprensible, necesitan sentirse importantes, ver que han hecho algo grande, y son conscientes de que gozan de impunidad. Es sabido que muchos sabotean la construcción de algunos edificios para que las obras no terminen y puedan distraerse presenciando indefinidamente el trabajo de los paletas» afirma la psicóloga Esther Barreiros, experta en gerontología. «Es lo que ocurre cuando la sociedad da la espalda a los ancianos. Alfredo ha decidido darnos la espalda a nosotros esta mañana y nos ha dado al mismo tiempo una lección». Sin embargo, no todos son tan comprensivos como Barreiros: «te pegan codazos para subir los primeros en el autobús, porque para eso sí son fuertes, te miran mal cuando ven que estás sentado y farfullan aunque en realidad prefieren que no les cedas el asiento para seguir poniendo mala cara, y en las rebajas son capaces de fingir desmayos si ven que pueden quedarse sin alguna prenda» exclama alterado Roberto V., uno de los afectados por el colapso en el metro. «Es cierto que un anciano se desplaza con más lentitud, esto está calculado», informa Humbert, «pero los conductistas ya demostraron con experimentos que cuando son perseguidos por un perro agresivo, por el fuego o simplemente cuando necesitan ir al baño urgentemente, se mueven a una velocidad sorprendente y hasta son capaces de saltar de una azotea a otra sin miedo a precipitarse al vacío».

Ante quienes critican la inoperancia de las autoridades -que han esperado a que se agotara la batería del móvil de Alfredo para acompañarle amablemente a la salida-, el jefe del cuerpo de Bomberos de Madrid, Javier Sanz, ha recordado que «la ley establece de manera explícita la imposibilidad de empujar violentamente o levantar a un anciano del suelo sin su expreso consentimiento, con lo cual los recursos de los que disponíamos eran muy limitados». Al margen de posibles negligencias en la resolución del incidente, la aglomeración ha ido remitiendo a lo largo de la mañana y el metro ha podido recuperar poco a poco la normalidad, que ya se vio afectada ayer por culpa del coche bomba de ETA que estalló frente a la sede de Ferrovial.

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