Sainz exploró atentamente el artefacto.

Cuando el Centro Europeo de Investigaciones Nucleares (CERN) ya daba por supuesto que su colisionador de hadrones (LHC) no iba a estar operativo como mínimo hasta septiembre después de que sufriera una fatal avería hace cuatro meses, Carlos Sainz, piloto profesional con amplia experiencia en lidiar con motores complejos y situaciones límite, se ofreció a echar una mano a los técnicos, uno de los cuales era “un colega mío de cuando jugaba al squash”. El éxito de su intervención ha sido rotundo: “había un problema en el carter, que tenía la rosca pasada, y las partículas se salían por allí. Traté de arrancarlo un par de veces, pisé el acelerador a tope y a la tercera reaccionó”. Sainz ha reconocido que no tiene conocimientos sobre física -“más allá de lo que sería el ámbito estrictamente femenino”-, pero “ese ruidito que me describían me era muy familiar y desde el primer momento supe lo que había que hacer”. Carlos Sainz ha expresado su deseo de probar en sus propias carnes el acelerador de partículas, pero los expertos se lo han desaconsejado. “Seguiré insistiendo porque la idea de que las particulitas te pasen así por el cuerpo tiene que estar bien” ha apuntado el piloto.